Raquel Godos
De sus discretas apariciones durante los primeros cuatro años de mandato de su marido, Barack Obama, la primera dama de Estados Unidos ha dado un giro en sus actos públicos.
Su famosa iniciativa para luchar contra la obesidad infantil, Lets Move (Movámonos), cumplió este febrero tres años de vida, pero su manera de promocionarla ha cambiado considerablemente: de hacer ejercicio discretamente en los jardines de la Casa Blanca ha pasado a bailar en el programa de televisión de Jimmy Fallon o moverse al ritmo de Pitbull en la cadena Univision.
Algunos medios de comunicación la están acusando de omnipresente, y otros se preguntan si no está exponiéndose a la escena pública en exceso, pero lo cierto es que la popularidad de la primera dama entre los estadounidenses es incluso más elevada que la de su marido.
“Vale ya de brócoli y coles de Bruselas, por no hablar de la atención prestada a sus brazos, su pelo y su ropa de diseño. ¿Dónde está la inteligente graduada en Princeton, la abogada educada en Harvard y la mentora del hombre que se convertiría en el primer presidente afroamericano de Estados Unidos?”, se preguntaba el columnista del diario Washington Post, Courtland Milloy.
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