ELBA CRISTINA PARRALES
Con la apertura de la academia Jazz Dance, ¿revive su época como bailarina?
Bailar siempre ha sido mi verdadera pasión, pero me retiré luego de haber tenido una carrera profesional como bailarina y una trayectoria de 20 años en diferentes agrupaciones, como la Compañía Nacional de Danza y Jazz Dance. Por 12 años me dediqué a mi carrera profesional como comunicóloga en una empresa. Por cuestiones del destino y como terapia retomé el baile. Todos los días doy clases y revivo esa época mágica y maravillosa de mi vida.
¿Por qué decidió retomarlo?
Hace un año y medio tuve un accidente automovilístico. Quedé con una lesión en el cuello cervical. Tomaba nueve pastillas al día y una de las recomendaciones médicas era que hiciera ejercicios. Como a mí me gusta bailar, empecé a hacerlo. Al poco tiempo noté mucha mejoría. Descubrí nuevamente que el ejercicio es salud y que el baile da luz, porque da un brillo especial. Es la energía que uno necesita. Además, cuando uno baila, puede trasladarse al lugar que quiera solo con la imaginación.
¿Desde hace cuánto dio apertura Jazz Dance?
Empecé a bailar en octubre del año pasado y decidí hacer mi propio proyecto con Jazz Dance, que fue el nombre que heredé del último grupo de baile al que pertenecí. Estamos abiertos desde comienzos de enero de este año. Abrimos a partir de las seis de la mañana hasta las ocho de la noche. Mi principal inspiración es mi hija de 8 años a quien también le encanta bailar. Es ella quien me motivó a abrir la academia, quien me actualiza con la música que está de moda y lo más bonito es que compartimos tiempo juntas.
¿Qué tipo de música enseña en su academia?
Tenemos un curso de ritmos latinos que incluye salsa, merengue y otros ritmos. También imparto clases de folclor y estamos iniciando con ballet. Para niños hay clases de karate. Actualmente hay alrededor de 70 alumnos.
Hasta el momento, ¿qué ha sido lo más satisfactorio?
Lo más maravilloso ha sido ayudar con mi experiencia a personas que lo necesitan. Tengo varios alumnos que presentan diversas lesiones y el baile les resulta la mejor terapia porque también les ayuda a prevenir el estrés. Siento que ahora son personas más contentas. A los niños les ayuda a tener mayor concentración y disciplina. También tengo un grupo de hombres que asisten a los Alcohólicos Anónimos y decidieron entrar a la academia para tener una distracción de su adicción y están aprendiendo a bailar. Otra satisfacción que tengo es el grupo de personas de la tercera edad que viene a relajarse y les gusta mucho bailar mambo y rock and roll. Para mí es grato saber que después de las clases todos mis alumnos quedan con energías, se distraen y aprenden a bailar.
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