Hace poco leí un artículo que decía: “ Los judíos ortodoxos mantienen una muy antigua costumbre bíblica: en el primer rezo de la mañana agradecen a Dios no haber nacido mujer”. Y cómo no hacerlo si a las mujeres se nos hace difícil hasta hacer pipí en la calle.
Y es que no importa la época histórica o el punto geográfico, porque desde la divina escritura fuimos condenadas, expulsadas y sentenciadas a parir con dolor, pero el hombre también debía trabajar y ganar el pan diario para él y su familia con el sudor de su frente. Sin embargo hoy día no es así, porque además de sufrir el trabajo reproductivo debemos desarrollar el productivo para ganar el sustento propio y el de nuestras crías, entonces, ¿qué pasa con nosotras mujeres? ¿Avanzamos o nos hacen retroceder?
Una mujer de Uganda declaró: “Seguimos siendo ciudadanas de segunda clase… o de tercera clase más bien, pues nuestros hijos varones van delante nuestro. Hasta los burros y los tractores reciben a veces mejor trato”.
A lo largo de la historia, en la mayoría de las culturas, las mujeres han sido sometidas a estructuras patriarcales que nos han negado los derechos humanos más fundamentales. Las leyes antiguas y los sistemas tradicionales, como el cristianismo y el islamismo, antecedentes de los sistemas modernos, han provocado la dependencia de la mujer.
En la ley mosaica, tradición de la religión judeocristiana (en este caso, solo se habla del judaísmo, ya que el cristianismo posee una creencia distinta), el divorcio era un privilegio exclusivo del marido: la opinión de la mujer podía ser rechazada por su padre o su marido, y las hijas podían heredar solo en ausencia de hijos, con la condición de que se casaran dentro de su tribu. La culpa o la inocencia de una esposa acusada de adulterio a veces se comprobaba mediante técnicas mortales. Además de estos casos, había muchas leyes que trataban, entre otras cosas, de ofensas contra la castidad, y el matrimonio de un varón con una cautiva pagana o con una esclava comprada. Aunque los segundos matrimonios estuvieran restringidos, según la legislación judía y cristiana no católica, en la ley mosaica una viuda sin hijos estaba obligada a casarse con el hermano de su difunto marido. Hay que tener en cuenta que la ley mosaica (judaísmo), está basada en libros escritos antes de Cristo. Jesucristo sería el que le daría la interpretación correcta a la ley mosaica (judía), siendo quizás el primero y mejor defensor de las mujeres.
En la Edad Media, los autores masculinos, pertenecientes a una estirpe, religiosos, tratadistas laicos y sobre todo, predicadores, hablaron de las condiciones y conductas que les exigen a las niñas, a las jóvenes y a las mayores. La conducta femenina fue pautada para cada momento y situación de la vida. Casi siempre la edad corresponde a un estado civil y a una función de acuerdo a ella. Tal es así la novia que la mujer se representaba en la imagen de la prometida, la casada, la viuda, es decir, siempre ligada inexorablemente a un varón que debía responsabilizarse de ella y su conducta. El papel más importante atribuido a la mujer era el de esposa y madre.
El propio hecho de que se aprueban de manera tardía leyes que respondan a las necesidades de la mujer es por la poca participación que tenemos en el escenario político el cual está dominado por los hombres.
A pesar de los esfuerzos de los movimientos feministas y de los logros alcanzados, el escenario para las mujeres continúa siendo desolador pero quizás la respuesta la tengamos nosotras mismas, ya que tenemos una gran oportunidad como madres y educadoras de nuestras hijas e hijos, de inculcarles valores de igualdad y respeto y podemos también agradecer a Dios el hecho de ser mujer. La autora es licenciada en Economía y Derecho
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