“En Roma hay de todo y lo contrario de todo. En la tormenta cuando la hora es más negra hay que seguir el Evangelio. Es nuestro deber y nuestra salvación”. Monseñor Giacomo Radini Tedeschi. Obispo de Bérgamo
Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica “Redemptoris Custos” (1989) escribió: “Desde los primeros siglos, los padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y con gozoso empeño se dedicó a la educación de Jesucristo, también custodia y protege a su cuerpo místico, la Iglesia”.
Casualidad o diosidad que cuatro de los últimos seis papas hayan tenido el nombre del santo patriarca José.
Venerable Pío XII, Eugenio Giuseppe Pacelli.
Beato Juan XXIII, Angelo Giuseppe Roncalli (Sotto il Monte, Bérgamo, Italia, 1881-Ciudad del Vaticano, 3 de junio de 1963), promovió la paz durante la guerra fría y convocó el Concilio Vaticano II. Fue asistente de monseñor Radini, primer obispo que apoyó la huelga obrera por salarios dignos en 1909 incluso donando su anillo episcopal.
Beato Juan Pablo II Karol Josef Wojtyla (1920-2005)
Benedicto XVI, Joseph Aloisius Ratzinger. Ocho años como papa y veinticuatro años de servicio en el Vaticano a solicitud de Juan Pablo II para dirigir la elaboración del catecismo moderno y ser prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Siendo papa contrario a su fama de inquisidor su lema doctrinal fue: “La fe se propone, no se impone”.
En octubre de 1958 el cardenal Roncalli, patriarca de Venecia, acudió a Roma para la elección del sucesor de Pío XII. Fue alojado en modestísimo apartamento de convento franciscano y el edecán que lo recibió le dijo: “Disculpe su eminencia que lo hospedemos aquí. Pero los ‘papables’ ocuparon el Palacio de Letrán”.
“No importa, yo siempre he sido un cura de pueblo”, contestó.
Durante los cabildeos de la curia romana para seleccionar un candidato, monseñor Otaviani conversó con el patriarca de Venecia y le informó “alarmado” que había una corriente promoviendo un cardenal francés, un extranjero.
El bondadoso cardenal bergamasco contestó: ¿San Pedro no era extranjero? Además quien elige no somos nosotros.
Monseñor Otaviani se sorprendió y después dijo azorado: “Ah, claro ¡es el Espíritu Santo!”
Veinte días después tras once rondas de votación Angelo Giuseppe Roncalli fue electo papa y escogió el nombre de Juan XXIII.
Inspirado por el Santo Espíritu convocó al Concilio Vaticano II para transformar la Iglesia de sus anacrónicos moldes, por lo que actualmente las misas se ofician en idioma propio de cada país y de frente a los fieles.
Cincuenta años después Benedicto XVI llama a continuar la transformación de la Iglesia con el mismo espíritu del Concilio Vaticano II:
“La Iglesia debe renovarse y profundizar la reflexión de las recomendaciones del Concilio Vaticano, incorporar los avances tecnológicos y responder a los nuevos retos de los tiempos modernos”.
Por eso ante los ríos de tintas sobre historias negras de corrupción y escándalos sexuales, represión a los twiteos y cobertura mediática sobre la elección del futuro papa, ocupante de la cátedra de San Pedro, sabemos que la Iglesia corregirá los defectos desde adentro y saldrá fuerte, vigorosa y renovada de estos tiempos difíciles.
Recordemos San José custodia la Iglesia siempre.
Actualmente tienen mucha vigencia las últimas palabras del cardenal Radini: “No hay que tener miedo. El bien es más fuerte que el mal”. El autor es médico. Miembro Asociación Humanae Vitae.
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