Hay crisis en la Iglesia católica. El santo padre lo ha dicho claramente y quizá esto sea una de las causas de su renuncia. Él está muy débil, lo cual es lógico en un anciano de casi 86 años con serias enfermedades (tuvo dos derrames cerebrales y tiene una arritmia cardíaca que lo obliga a llevar un marcapasos) y eso no le permite seguir enfrentando la problemática situación que vive nuestra Iglesia. Una crisis que deberá enfrentar y corregir con energía un nuevo papa más joven y saludable.
Generalmente a los católicos, incluyendo a nuestros obispos, sacerdotes y laicos que amamos a la Iglesia, no nos gusta hablar públicamente de este tema y menos especular sobre eso. Pero Benedicto XVI lo dijo muy claro en la misa del Miércoles de Ceniza. Lo dijo a toda la Iglesia y al mundo de una forma tal que indica lo que realmente pretende con su renuncia y con sus fuertes palabras: dar una campanada de alerta sobre una situación que urge corregirse. Por eso considero que hay que hacerle eco al llamado del santo padre.
Benedicto XVI dijo ni más ni menos que la Iglesia está, en ocasiones, desfigurada por las divisiones dentro del cuerpo eclesiástico. El papa lamentó la hipocresía religiosa, así como el comportamiento de los que aparentan y las actitudes que buscan, ante todo, los aplausos y la aprobación, e instó a superar el individualismo y las rivalidades.
Más claro no pudo hablar sobre la crisis que existe en la Iglesia católica. Ya se sabía que documentos del “Vatiliks” revelaron muchas cosas serias, entre ellas —no las únicas— la fuerte lucha de poder entre los grupos encabezados por el cardenal Angelo Sodano y el cardenal Tarsiso Bertone, y la presión de fuerzas radicales para que se oculten los delitos de algunos clérigos de nuestra Iglesia que sabemos que a la vez es santa y pecadora porque al mismo tiempo es divina y humana. Hay fuerzas en la Iglesia que se han opuesto a denunciar a los pederastas y a los deshonestos administradores y cómplices de manejos sucios del llamado Banco del Vaticano.
La renuncia de Benedicto XVI es sabia y oportuna porque sabe que con sus fuerzas desgastadas por la edad y sus enfermedades no podrá luchar más contra eso pues ya no cuenta con la energía necesaria, y es valiente porque mientras pudo sí lo hizo con mucho valor y eficiencia, lo cual lo desgastó y debilitó inmensamente. Dios lo premiará por eso abundantemente.
Pero los católicos no debemos desanimarnos por esta crisis. En la historia de la Iglesia las ha habido peores. Sabemos que el Espíritu Santo iluminará a los cardenales electores para saber elegir a un papa más joven enérgico y valiente que le siga haciendo frente. Recordemos que Jesucristo dijo a Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi Iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla” (Mateo 16.18). Y dijo a sus discípulos: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20). El autor es abogado, periodista y escritor.
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