Antonio Lacayo

La transición no ha sido abortada

Muchos me preguntan qué permanece y qué se ha perdido de la gestión del gobierno de doña Violeta. Hay quienes afirman que nada queda. En enero se publicó un artículo en Confidencial que afirmaba lo siguiente:

“Después de una revolución popular fallida y una transición democrática abortada, el país se debate entre la consolidación de un proyecto político autoritario, el conformismo de la clase empresarial, la pasividad y resignación de las mayorías empobrecidas, la debilidad de la sociedad civil democrática, y la ausencia de un liderazgo político y moral que represente una posibilidad de cambio social verdadero”.

Pocas veces he leído una aseveración tan derrotista y fatalista sobre nuestro país que me obliga a referirme a la frase “una transición democrática abortada” porque no es verdad. Jamás se puede aceptar como cierto que nuestra transición terminó como terminan los bebés abortados, es decir, muerta.

Cuando inició el mandato de doña Violeta, producto del voto libre y respetado el 25 de febrero de 1990, hace 23 años, Nicaragua era un país en guerra entre dos inmensos ejércitos, ninguno de los cuales había podido derrotar al otro.

En esa fecha, además, el país vivía bajo un Estado-Partido-Ejército que se había encargado de privar a los nicaragüenses de las principales libertades públicas, que censuraba y cerraba medios de comunicación, expulsaba sacerdotes y obispos, impedía el libre comercio, confiscaba injustamente propiedades privadas y obligaba a miles de jóvenes a morir en las montañas por defender una ideología que ya había mostrado su profundo fracaso en casi todo el mundo.

La economía había caído en franca agonía, con la deuda externa per cápita más grande del mundo, siete años seguidos de crecimiento negativo en el PIB, exportaciones moribundas, y la hiperinflación más desbordada del continente americano, con devaluaciones semanales y billetes “chancheros” que nadie quería guardar.

Veintitrés años después, Nicaragua es otro país, y ha dejado atrás las condiciones de 1990. Nadie puede decir que Nicaragua se está desangrando en una guerra civil. Tampoco que las libertades públicas están suspendidas, ni que la economía agoniza y nuestra moneda no vale.

La presidenta Violeta Chamorro, cada vez está más claro, cambió radicalmente el rumbo que llevaba Nicaragua. Su obra hoy perdura en una sociedad libre y despierta, que se resiste con valentía a que le arrebaten sus conquistas democráticas.

Es cierto que el gobierno liberal que vino después abandonó el camino emprendido al fomentar desde arriba la corrupción gubernamental y los pactos prebendarios con la oposición sandinista. También es verdad que hoy día se ha perdido la confianza en el voto libre como instrumento para elegir autoridades, y se gobierna por encima de la Ley y la Constitución Política, con altos niveles de corrupción e impunidad. Pero no por eso podemos caer en el extremismo de afirmar que la transición a la democracia quedó “abortada”.

En todo caso tenemos una transición detenida, debilitada, golpeada por gobiernos autocráticos, en serio peligro de que se deteriore aún más, pero no ha muerto, ni morirá. Afirmar eso es inundar de pesimismo a nuestra juventud, empujarla a que emigre al extranjero o recurra a la violencia como en los años setenta u ochenta, y que vea el vaso medio vacío, en lugar de animarla a que sigamos construyendo progreso y democracia hasta terminar de llenarlo.

Como dice el libro La democracia de Pedro Joaquín y presidenta Violeta de Chamorro , de Cristiana Chamorro, citando a su padre Pedro Joaquín: “Nuestra tarea es permanecer fiel al ideario de las grandes reivindicaciones americanas que actualmente son la libertad política y la erradicación de la miseria de nuestros pueblos”.

Entre más progreso generemos, más posibilidades tendremos de gozar de libertad política. Y viceversa. Estas dos reivindicaciones van de la mano. En ambas dos estamos mejor que hace 23 años, debido al gobierno de doña Violeta que sentó las bases de una cultura por la democracia y el progreso en libertad.  

El autor es ingeniero.

COMENTARIOS

  1. Román Alberti Gutiérrez
    Hace 14 años

    Este señor debería de tener un mínimo de vergüenza, fue un controlador de la pobre señora, usó dinero de nuestro sudor y de las miles de donaciones que llegaron al país. Su responsabilidad histórica de que el país halla caído de nuevo en manos de la peste más grande que sobre Nicaragua ha caído, los sandinistas. También se habla del caso de los aceiteros.

  2. Aristófanes Envergadura
    Hace 14 años

    De acuerdo, pero te faltó hacer más.Que pudiste haberlo hecho pero preferiste no tomar riesgos.

  3. quique mairena
    Hace 14 años

    el mayor sinverguenza de nicaragua le Robo tanto dinero a nicaragua que mirenlos como viven en grandes masiones y los pobres que lanzan a la gente par que hagan desobediencia civil la senora que esta mandando quisiera que valla ella al frente a ver si lo hace esta dijo mena que vallan los caballos y los babosos al frente solo sirven para lanzarlos al frente que vallan los Liberales al frente

  4. Silvio P
    Hace 14 años

    Me gustaría oir de Lacayo propuestas, no solo decir que seamos optimistas. Tenemos un grave problema y es una dictadura bien instalada, no se puede tapar el sol con un dedo. Bien, hagamos desarrollo pero no se puede construir desarrollo si primero no hay democracia y están abiertas las arcas del estado para ser saqueadas impunemente por cualquier cantidad de mafias. Por qué la oposición no se une? Por que Ortega todavía les está dando algunos huesos para que no digan nada

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