Julio Francisco Báez C.
A doña Elisa de Argüello, madre santa.
Dime, Eclesiastés,
si bajo el sol
existe un tiempo
para cada cosa.
¿Por qué ignoramos
el fervor de los cantares
de gorriones en la aurora,
o del cisne en su prestancia
el cantar de sus pesares?
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B