Adolfo Miranda Sáenz
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La renuncia del papa Benedicto XVI causa expectación mundial por muchísimas y muy diversas razones. Entre las más importantes está la de tratarse del líder de la institución religiosa y humanitaria más grande y de mayor peso que existe. Según “The Economist” la Iglesia católica es la organización no gubernamental más grande del mundo, y aunque llamarla ONG no es adecuado a su naturaleza religiosa, puede valer como orientación de lo que se quiere expresar.
Es imposible dar datos completos de la cantidad de obras sociales que la Iglesia católica realiza pues algunas dependen del Vaticano, otras de las Diócesis, de parroquias, de órdenes religiosas y de innumerables movimientos e iniciativas de laicos. Un registro único tan diverso y tan grande no existe.
A nivel mundial están —por ejemplo— el Consejo Pontificio Cor Unum que atiende a las víctimas de desastres naturales y guerras; la Fundación Juan Pablo II que lucha contra la sequía y la desertización ayudando a sus afectados; la Fundación Populorum Progressio que financia en 20 países 230 proyectos de producción (agropecuaria y microempresarial), infraestructura (agua potable, letrinas), educación y salud. La más grande es Caritas, que realiza labores humanitarias en los cinco continentes.
Algunos datos incompletos que obtuvimos nos ayudan a entender la magnitud del aporte humanitario de la Iglesia. En Estados Unidos la Catholic Charities USA agrupa a más de 1,700 asociaciones que trabajan en las Diócesis y apoyan a más de 9 millones de personas pobres que viven allá. Manos Unidas, de España, contribuyó con 2,373,890.83 euros en 68 proyectos de desarrollo en Haití después del terremoto. La Iglesia católica educa en el Tercer Mundo a un millón de universitarios, 96 millones en enseñanza media y 150 millones en primaria. Tan solo los jesuitas educan en Latinoamérica a más de un millón de niños en escuelas gratuitas; otro tanto hacen los escolapios, salesianos, franciscanos, etc., y distintas órdenes de monjas. Hay colegios católicos pagados o semipagados pero no son lucrativos pues —una vez cubiertos los gastos— si hubiesen excedentes se destinan a becas o a otros centros gratuitos.
Según el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud la Iglesia católica administra y sirve en por lo menos el 26 por ciento de los centros hospitalarios y de atención a la salud existentes en el mundo, contabilizando 5,853 hospitales, 17,530 clínicas, 74,936 dispensarios, 577 leproserías y 15,208 hogares para huérfanos, ancianos, discapacitados y enfermos de cáncer, sida, etc. La Iglesia educa a más de 56 millones de niños y jóvenes en por lo menos 125,016 escuelas primarias y secundarias y 1,046 universidades. Dispone de al menos otros 687,282 centros sociales diversos en el mundo, entre ellos alrededor de 500 mil centros asistenciales parroquiales. Los comedores gratuitos superan el millón.
Todo se hace con mucho amor y generosidad de los sacerdotes, religiosos, monjas y laicos católicos con sus ofrendas y trabajo, en ocasiones arriesgando la vida.
Entre otras muchísimas razones, esto también motiva la expectación causada por la renuncia del santo padre y la inminente elección de quién estará liderando tan gigantesca labor humanitaria. El autor es abogado, periodista y escritor