Fernando José Monge
Soy una casa construida en la arena,
mis paredes tienen grietas
—mordiscos del tiempo—
donde se aloja y arde la brisa del mar.
Frente a mí se han desnudado demasiados cuerpos,
tantas mujeres han fundido sus piernas
en una ola que se alza hasta el desafuero,
tantos hombres de fuertes brazos
dieron la espalda a su ropa buscando el olvido,
a todos he mirado con el amor
de una caricia que se guarda en la memoria,
como un trozo de pan para el alma.
El sol expande mi sombra hasta la frontera marina,
bajo ella descansan gaviotas,
que han hecho nido en las migajas de otras casas que ya
sucumbieron.
Algún día yo también caeré en medio de un temporal,
mis escombros serán lavados por la lluvia
y un joven apuntará con su dedo el espacio vacío,
diciendo: ahí estuvo una casa,
la recuerdo, en su puerta grabé una perla
que ahora descansa en el océano.
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