Luisa Estrada
Ondas líquidas
chocan contra las murallas
de la piel desnuda.
Del agua dulce.
Surge la cúpula
de una iglesia clandestina
que brota para adorarte.
En la costa, vibran piedras ligeras,
y evocan con sus ritos
partos humeantes y lejanos.
Existirá en un tiempo cerrado
aquel beso transgresor
y así como comenzó,
acechando,
morirá de forma abrupta
diluido en el agua.
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