Una de las futuras contrayentes de una boda masiva que habrá el 14 de febrero en el país, auspiciada por una emisora, decía con mucha emoción que una de las frases que le expresaba su futuro consorte para enamorarla era “adiós cosita linda”.
Recordé a Oscar Wilde a quien tildan de misógino afirmando “que la mujer es la cosa más hermosa que existe”, frase que no deja de causar satisfacción entre algunas damas que no tienen el alcance de percibir el significado de la palabra cosa, que entre las que tiene el DRAE es “objeto inanimado en oposición al ser viviente”.
En Nicaragua al igual que otros países donde se observa un alto grado de machismo, es común por ejemplo el uso del artículo “la” para anteponerlo al nombre de una dama durante una conversación entre niñas, adolescentes, jóvenes o adultos no importa su extracción social sin tomar en cuenta que normalmente los artículos se anteponen a una cosa, animal o persona no determinada pero no a un nombre propio como es el caso de las mujeres, costumbre que no se utiliza con el género masculino.
Para algunos psicólogos es una forma de discriminación arraigada por la costumbre histórica de que la mujer era un objeto, una cosa o una ciudadana de segunda clase. En Nicaragua por ejemplo las mujeres votaron por primera vez en el año de 1957, aunque su participación en la política quedó diferido por lo menos veinte años más tarde.
El tratamiento hacia la mujer en Nicaragua ha cambiado en los últimos años aunque quizás no precisamente por las leyes que obligan a su participación en los Concejos, y otros organismos sino por una continua y permanente beligerancia en todos los campos profesionales, científicos académicos y políticos hasta el punto de haber llevado a una mujer a la presidencia por primera vez en la historia.
A pesar de esto, la vulnerabilidad ante la violencia, y la discriminación, continúan manifestándose constantemente. Según datos de la Red de Violencia Contra la Mujer en los últimos ocho años 524 mujeres fueron asesinadas, y se produce un promedio anual de mas de treinta mil denuncias de violencia intrafamiliar, abuso sexual, etc. —casi cien diario—.
En los últimos meses, a pesar de la aplicación de la Ley 779, Ley de Violencia Contra la Mujer, el número de faltas y delitos contra la mujer no han disminuido, sino que al contrario parece haber aumentado, lo que revela que hay un serio problema de actitud entre la población, falta de sensibilización, y un arraigado machismo que a pesar de los constantes discursos oficiales, campañas, programas, etc., parece no disminuir.
La mujer en Nicaragua continúa siendo la principal víctima de violencia sexual, acoso, abusos, discriminaciones y su seguridad ciudadana continúa siendo amenazada y deteriorada por la falta de valores que se han perdido en la familia, en la escuela y en la sociedad misma, al encontrarnos aún con padres que proscriben a sus hijos varones las labores que según ellos son tradicionales y responsabilidad exclusiva de la mujer deformando así una concepción que el vástago deberá arrastrar en la formación de su futuro hogar.
Este proceso de cambios de otorgarle a la mujer el verdadero lugar que tiene en la formación de una nueva sociedad será producto no solo de leyes, decretos, o frases estereotipadas, sino de campañas serias y permanentes que inculquen nuevos valores que logren trasformar la actitud que durante años se ha venido deformando. El autor es periodista y abogado. Miembro del grupo Projusticia.
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