Los nicaragüenses hemos sido una nación de mujeres y varones dignos. La entereza y carácter de nuestro pueblo se ha expresado con orgullo en el dicho popular “Pobre pero honrado”.
Hoy que los gobernantes están promoviendo la miseria para prostituir al pobre y convertirlo en dependiente de la gracia de sus interesados bienhechores, cuando la mayoría calla y se somete o acomoda, es alentador escuchar voces como la de monseñor Silvio Báez denunciando y rechazando regalías a los sacerdotes y la de los concejales de Ciudad Darío y San Francisco del Carnicero, negándose a convertirse en cómplices del fraude.
Estas acciones nos invitan a que la compra de conciencias se estrelle contra un muro de dignidad que sepa decir “No”, que el dinero no ablande la voluntad ni destruya los principios cristianos y morales de nuestra gente; que si bien hay miseria en nuestro pueblo y las dádivas alivian por un instante su necesidad, que exijamos trabajo, que garantiza la liberación del ciudadano, y no aceptemos limosna, pues estamos ciertos de que la miseria así como la falta de educación y la corrupción generalizada a todos los niveles es promovida y provocada por los mismos gobernantes, a través del control de todas las instituciones, como estrategia para consolidar la dictadura y el poder absoluto a costa de la dignidad del pueblo.
A través de la historia del pueblo de Dios vemos cómo en los momentos difíciles el Señor envía a sus profetas para que denuncien la corrupción y el desvío de su pueblo y señalen el camino recto.
A monseñor Báez lo escogió Cristo, en un momento crucial de la historia de nuestra patria, para despertar a este pueblo adormecido y en especial a sus sacerdotes y dirigentes para que, con valor y fortaleza, rechacemos, denunciemos, tanto ultraje cometido impunemente por la pareja gobernante y sus seguidores y nos opongamos con toda la fuerza de nuestro espíritu cristiano a que se siga engañando y burlándose de un pueblo que cree, ama y reverencia a Jesucristo y a su Santísima Madre.
El Gobierno pretende comprar la dignidad con dinero, halagos, amenazas, manipulación de la fe, los símbolos y tradiciones católicas, ya que saben que el hombre que ha vendido su dignidad es débil y manejable. Aquellos hombres que han perdido su dignidad de hijos de Dios y herederos de su reino vendiendo su conciencia se exponen a cambiar la gloria eterna por el goce pasajero en esta Tierra, condenando a sus hijos a la vergüenza y al desprecio.
Si los nicaragüenses nos liberáramos de la resignación, del indiferentismo y del conformismo en pro de la dignidad, la honestidad moral y cívica, podríamos unir todas las fuerzas democráticas en un solo ejército cívico, con la cruz de Cristo por bandera, para rescatar nuestros valores y aplastar la falsedad, la corrupción y el sacrilegio que nos denigra ante nosotros mismos, la comunidad internacional y ofende al Dios del amor, al Cristo que en la cruz ofreció su vida por la salvación, la libertad, la paz y el bien de la humanidad.
Todos estamos obligados a salvaguardar nuestra dignidad siguiendo los valientes ejemplos que se han generado desde la fe y, quien podría imaginarlo, también desde la política. Únicamente con posiciones dignas se podrá reinstaurar la democracia construyendo una sociedad en la cual reinen los valores cristianos. La autora es Ama de casa, católica vicentina.
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