Querida Nicaragua: Definitiva y lamentablemente el mal está triunfando sobre el bien al menos en materia política. Cierto que en política no todo es blanco y negro, pues hay diferentes matices en gris. Sin embargo, cuando comparamos los regímenes comunistas con los democráticos, al final de la historia todo es radicalmente o blanco o negro.
El comunismo siempre está dirigido por un caudillo cuya voluntad no se discute. Él hace todas las leyes y él mismo las ejecuta a su antojo, él dirige todos los poderes del Estado, los cuales han sido nombrados a dedo por él mismo en elecciones donde no hay candidatos que compitan. El caudillo se arma hasta los dientes y habla siempre de invasiones del “imperialismo” como su caballito de batalla, no le gusta que haya medios de comunicación independientes ni molestos periodistas opositores al gobierno. Solamente hay periódicos, emisoras y televisoras estatales para informar lo que el Gobierno quiera y nada más.
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La democracia en cambio está dirigida por un presidente electo popularmente en sufragio libre, cuyo mandato tiene término. Los poderes del Estado son independientes el uno del otro y trabajan en armonía. En algunos países democráticos, como Costa Rica, no hay ejército y por lo tanto no hay gasto en armas. Desde 1948 el líder revolucionario don José Figueres Ferrer disolvió el ejército y decidió usar ese presupuesto para la educación del país. Los medios de comunicación independientes proliferan y hay plena libertad de expresión.
En términos generales así son los países democráticos como Chile, Perú, Colombia, Brasil, Uruguay, México y naturalmente Estados Unidos de Norteamérica. Como se puede apreciar, la diferencia es abismal entre uno y otro sistema.
Las satrapías dictatoriales no tienen nada en común con las democracias libres, pero como nuestra América anda al revés, este fin de semana se reunieron en la Celac, Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, otro de los inventos de Chávez, tanto los demócratas como los sátrapas. El colmo, el presidente Sebastián Piñera, de Chile, le entregaría la presidencia de ese organismo al sátrapa presidente totalitario de Cuba, Raúl Castro.
Los valores democráticos parecen estar devaluados en esta Celac inventada por Chávez, donde pueden abrazarse presidentes tan prestigiosos como Piñera o Mujica con dictadores como Raúl Castro, Chávez o Daniel Ortega. La declaración de Caracas de diciembre de 2011 recalca que los miembros de la Celac construirán sociedades justas, democráticas y libres, y dicen que cada uno de sus pueblos escogerá los medios que basados en el pleno respeto a los valores democráticos y del Estado de Derecho les permitan perseguir dichos ideales.
Tienen que haber intereses económicos muy fuertes para que los gobiernos democráticos puedan aceptar y firmar un documento donde gobiernos dictatoriales y autoritarios prometan fomentar valores democráticos que están muy lejos de cumplir.
Lo que ha pretendido Chávez con este organismo es crear una OEA sin los Estados Unidos y sin Canadá, que son, según su mentalidad enfermiza, los países imperialistas y capitalistas que explotan a nuestros pueblos.
La Celac reúne entre abrazos y sonrisas a la riqueza con la pobreza, a la abundancia con la escasez, a la libertad con la esclavitud, a los verdugos con los hombres libres. Así anda nuestro mundo. Siempre al revés. El autor es director general de Radio Corporación.
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