Aunque parezca mentira ya es una realidad, el eje económico de la Eurozona, Alemania, se contrajo en 2012, y sus proyecciones de crecimiento para este año son menores de lo previsto.
Los datos brindados por la Oficina Federal de Estadísticas de Alemania y el Banco Central alemán anticipan un nuevo golpe a la Eurozona, ya que ambas instituciones previeron un crecimiento del 1.6 por ciento para este año; sin embargo, hoy anticipan un débil crecimiento del 0.4 por ciento.
El año pasado la economía alemana evitó una recesión en la zona euro, pero la realidad es que la poderosa maquinaria económica germana hoy es otra.
Desde el año antepasado la Unión Europea y su Banco Central observaron lo que se avecinaba en Alemania, bastión económico de la zona euro, ya que en el 2010 el Producto Interno Bruto (PIB) de ese país creció en un 4.2 por ciento, en el 2011 un 3 por ciento, y en el 2012 creció un anémico 0.7 por ciento.
Desde que inició la crisis económica de Grecia en 2010, la Unión Europea ha caído en una serie de realidades paralelas, Portugal, Irlanda y España se han sumado a la recesión; sin embargo, Alemania se había mantenido robusta como el segundo exportador mundial después de China y sus exportaciones llegaron a crecer en más de la tercera parte de su PIB.
El fenómeno germano creó una ilusión de desacoplamiento, ya que la entonces eficiente economía podía separarse de las recesiones de sus socios europeos, aunque la mitad de sus exportaciones fuesen para la eurozona.
Hoy podemos decir que el desacoplamiento alemán que los distanciaba de sus socios del sur fue ilusorio, ya que parecía que Alemania sería capaz de resistir esas recesiones gracias a sus exportaciones y diversificación de productos exportables a China y mercados emergentes; sin embargo, en el 2012 esto no fue suficiente para sostener la caída, durante dos trimestres consecutivos, de la demanda de los mercados de la eurozona.
Para algunos el pecado original se centra en que el nacimiento del euro se da en medio de un profundo desequilibrio financiero entre el norte y el sur, cuyos ejes fueron los abismos entre productividad y competitividad, diferencias que hoy parecen insalvables. Sin embargo, el proyecto integracionista los llevó a tratar de homogenizar economías diversas mediante la inversión pública en las más débiles, con tasas de interés bajas que financiaron los “booms” de inversión y un consumo subsidiado, con un creciente endeudamiento que hoy es insostenible.
Es posible que mi punto de vista sea dramático, pero la realidad nos demuestra que el euro continúa sufriendo un desequilibrio estructural debido a las diferencias entre sus distintas economías, al punto que se ha puesto en peligro el proyecto de moneda única.
Quiero estar equivocado, que todas las medidas de austeridad funcionen, incluyendo la alemana que ya inició, y por cierto, España y Portugal han logrado que el déficit de sus cuentas corrientes del diez por ciento hoy se acerque al cero por ciento. Ya veremos si todas estas medidas de austeridad funcionan para el bien de todos. El autor es exembajador ante la Unión Europea-empresario privado.
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