Este sábado 26 y el domingo 27 de enero, los mandatarios de sesenta países europeos, latinoamericanos y caribeños se reunirán en Santiago de Chile en una cumbre bicontinental. En cuanto se clausure ese cónclave, los latino-caribeños extenderán la visita para su propia reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).
Aunque ese calendario esté dictado por las agendas, la buena lógica habría aconsejado cambiar el orden. Primero los latinoamericanos y caribeños debieran haber consensuado un guión común. Pero el contraste de intereses ya se habrá mostrado como evidente en la reunión europeo-latinoamericana/caribeña. Si Kissinger hubiera sido invitado, habría pedido cuál era el teléfono de ambos bandos. Paradójicamente, disponer de un solo teléfono no debiera ser signo de limitaciones presupuestarias, sino de fortaleza. Presumir de tener varios aparatos no es muestra de influencia.
El bloque latino-caribeño es evidente que habrá superado con creces al europeo en número de teléfonos. Aunque en el caso de la UE pudiera pensarse que cada uno de los estados miembros tiene un teléfono con el que comunicarse, en realidad, en el terreno de la representación global, es más simple, como se demostró en la ceremonia de la presentación del Premio Nobel. Los receptores europeos fueron tres: los presidentes del Consejo, la Comisión y el Parlamento. Son los que de veras cuentan en la soberanía común. En Santiago, la otra parte presentará una impresionante variedad de interlocutores
Algunos acudirán con ventaja y presumirán de logros en sus negociaciones con la UE. En contraste con su tamaño, el ganador neto ya ha sido Centroamérica, que estrenará su flamante nuevo Acuerdo de Asociación con la UE. Ya al pisar el subcontinente sudamericano, los móviles diversos sonarán con insistencia. Por su parte, se podrá observar en unas esquinas con el aparato al oído a los representantes de los países que desde hace años disfrutan de un favor especial con la UE: México y Chile. Las conversaciones telefónicas de los representantes mexicanos rebotan ecos en inglés, pues así se comunican con Canadá y, sobre todo, Estados Unidos, en sintonía de Nafta.
Al sur del continente, el teléfono de Chile chirriará de lenguas diversas al estar en contacto con medio planeta por una docena de acuerdos de libre comercio. Obsérvese que Chile ha seguido siendo reticente a volver al redil de la Comunidad Andina. La CAN parece perder miembros (y teléfonos) por minutos. Por una parte, la Venezuela chavista entró como un elefante en la cacharrería en Mercosur, aprovechando que desapareció el veto de Paraguay. Bolivia, con un teléfono multilingüe, ya ha anunciado que también se uniría al bloque mercosureño, por lo menos con un ahorro de líneas telefónicas. A este paso, el secretariado andino de Lima no deberá responder paradójicamente más que a los intereses de Ecuador, ya que Perú y Colombia parecen más preocupados por acercarse a Europa, Estados Unidos, y el Pacífico.
El teléfono de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (Alba) puede en breve contestar las nerviosas llamadas y desde Santiago de Chile se darán consignas para una actuación en común. Si la evolución de la crisis personal venezolana desemboca en la desaparición de su líder, la reducción de los regalos petroleros puede facilitar el pago de la factura telefónica de la organización. Teniendo en cuenta que ninguno de sus miembros tiene fronteras con otros (caso único en los esquemas de alianzas y bloques del planeta), el coste de la línea puede resultar prohibitivo.
Celosos de su insularidad, los países caribeños (mayoritariamente de origen colonial británico) parece que comparten sin mayores problemas una línea telefónica sita en Caricom. Pero la República Dominicana no renuncia a sus vínculos con Estados Unidos y los experimentos centroamericanos, además de recibir los cuantiosos beneficios del grupo ACP de la UE. Sigue siendo problemática la inserción de Cuba en su Caribe natural, pero el respeto mutuo con la coexistencia, pero donde la estabilidad y la seguridad también benefician a Estados Unidos, de momento.
Ante la variada suerte de los sub-bloques se puede especular acerca de la eficacia tanto de la Celac o de la misma territorialmente reducida Unasur. Quizá su innata incapacidad para la verdadera integración supranacional, que los demás esquemas nunca han sabido sublimar, sirva de consejo para que tanto el ente latinoamericano/caribeño como el sudamericano se dediquen a la consulta y la negociación. Desde una Europa también con dudas, probablemente es lo que más convenga.
Mientras tanto, en medio del subcontinente, otro teléfono multiuso destacará en lengua portuguesa. Brasil, reafirmando la leyenda de que “Deus é brasileiro”, está en todas partes. Su aparato, versión último modelo, seguro será de última generación y tendrá más aplicaciones que las de los demás. No se sabe bien si los contestadores de Unasur y Mercosur refieren a los llamantes a Brasilia, pero muchos lo suponen, y se ahorrarían el cargo. En cualquier caso, en Santiago la UE tratará de llamar oficialmente a un solo interlocutor: la Celca. Su futuro depende de cómo conteste.
El autor es Catedrático ‘Jean Monnet’
y Director del Centro de la
Unión Europea de la Universidad de Miami.
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