TEGUCIGALPA/AP
La empresa que mantiene las cámaras de seguridad en las calles las apagó hace semanas porque el gobierno no les ha cancelado los millones que les debe, y ahora amenaza suspender la frecuencia de los radios portátiles que usan los policías.
2,900 millones de dólares de deuda interna.
3,500 millones de dólares condonados por la banca multilateral en 2007.
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El ejército no recibe su salario de manera regular desde septiembre. Los médicos se quejan porque desde octubre no hay suficiente insulina, anticoagulantes, o insumos básicos. Las oficinas de registro tienen diez días cerradas porque no han pagado los salarios ni tienen tinta para las huellas dactilares.
La crisis se suma a la sensación de que Honduras es un estado fallido con una de las tasas de homicidios más alta del mundo, tomado por el narcotráfico, y sin justicia constitucional desde noviembre.
“En muchos sentidos, el estado ha dejado de funcionar”, dijo Robert Naiman, director de política del Just Foreign Policy (Washington). “Si siguen sin pagar a sus soldados, los soldados probablemente van a dejar de ser soldados, y tal vez pueden tomar otra acción”.
Transparencia Internacional reveló en diciembre que en 2010 y 2011 los legisladores habían gastado diez millones de dólares del erario público, pero que solo el 14 por ciento de ellos justificaron. El excandidato presidencial y el exlegislador Olban Balladares acusa al gobierno de usar buena parte del dinero público en campañas políticas de cara a las elecciones de noviembre.
Los ingresos al fisco también disminuyen, según el director de impuestos Mario López Steiner, porque “la cultura de evasión fiscal es increíble. El promedio general es 43 por ciento y en el caso del impuesto sobre ventas (…), del 60 por ciento”.
El gobierno busca la aprobación de una ley que amplía la cantidad de personas que deben ahora pagar el IVA y la eliminación de exenciones fiscales para las empresas que importan insumos. Creen que generarán ingresos adicionales por 1,200 millones de dólares en ingresos. El país vive de la remesa que envían el casi millón de hondureños que viven en Estados Unidos, y que representa el 19 por ciento del PIB.
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