Observando lo que acontece en Venezuela ante la incertidumbre de que Hugo Chávez esté vivo o muerto; entiendo qué fuente utilizó el consagrado escritor colombiano Gabriel García Márquez para producir la magnífica obra Cien años de soledad . Es lo que en literatura se denomina “realismo mágico”, y se califica como una talentosa inspiración, surgida de la genialidad del escritor. Me está pareciendo que en la mayoría de los países latinoamericanos son situaciones que suceden cotidianamente y se viven con total normalidad y por lo tanto, un buen escritor, solamente tiene que dedicarse a observar y tomar nota de la realidad circundante, para crear su obra. Creí que Nicaragua era un caso de estudio, por ser un país donde los adornos navideños de la ciudad permanecen encendidos los 365 días del año. Sin mencionar otros desvaríos propagandísticos utilizados por el gobierno inconstitucional orteguista, que denotan la psicosis que sufre la mente que los produce. Sin embargo, lo que se vive actualmente en Venezuela es un derroche de surrealismo y locura colectiva, tan monumental, que la esquizofrenia nacional aparece como un problema fácil de resolver. Acá en Nicaragua todavía no se ha llegado a “beatificar” a “Daniel de Nicaragua”, aunque es cierto que ya él se cree “emperador”, no alcanza aún el nivel de Hugo Chávez, ante cuyo nombre ya se doblan las rodillas de millones de venezolanos y sus seguidores portan carteles en los que aparece, uno al lado del otro, los rostros de Jesús y de Chávez. Confío en que el respeto de los nicaragüenses, quienes mayoritariamente creen en Dios, jamás permita que la sagrada imagen de Jesús aparezca junto al rostro de Daniel Ortega.
Sinceramente no me interesa darle seguimiento día a día a lo que sucede con la salud de los dictadores como Fidel Castro y Hugo Chávez. Como seres humanos van a morirse hoy, mañana o dentro de un año, porque ninguno es eterno. La frase que tanto utiliza el FSLN para divinizar a simples mortales que habla de “los muertos que nunca mueren”, es puro cuento. El día que Hugo Chávez se muera, como le sucede a todo ser humano, muerto se va a quedar y tampoco hará milagros, porque Dios solo hay uno.
Mientras escribía este artículo, se publicó en el Diario LA PRENSA un escrito del periodista uruguayo Danilo Arbilla, quien igualmente habla de realismo mágico para calificar algunos de los acontecimientos sucedidos en los países latinoamericanos. Definitivamente coincido con Arbilla en su análisis. Las actuaciones de algunos “líderes” latinoamericanos no pueden ubicarse en el contexto de la normalidad, el orden y la cordura. Basta observar la tragicomedia que se vive en Venezuela, para comprender que la situación creada en ese país, desde Cuba, con la complicidad de los “amigos” de Chávez, es un total absurdo; sin lógica, sin sentido común, sin inteligencia, pero principalmente, sin respeto a la dignidad humana, a Venezuela, a los venezolanos e incluso sin respeto al propio Hugo Chávez.
El presidente inconstitucional de Nicaragua, Daniel Ortega, llegó a Venezuela y torpemente insultó a la oposición llamándola “buitres” y “carroña”, sin pensar que los únicos buitres en esta grotesca pantomima son los “panas” (amiguitos) de Hugo Chávez que merodean alrededor de su cuerpo moribundo, o de su cadáver, por la sola ambición ególatra de mantenerse en el poder y enriquecerse. ¡Pobres diablos! exclamo yo. Qué débil espíritu y qué alma tan pequeñita tienen hacer tanto daño al prójimo por conservar dinero y poder en esta vida, de la que uno se marcha en cualquier momento y de la que no se lleva nada. La autora es psicóloga
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