Wendy Álvarez Hidalgo
¿Sabía que con solo invertir cada año 167 dólares por productor, la matriz productiva del país podría modernizarse y el sector estaría mejor preparado para afrontar los embates del cambio climático? María Auxiliadora Briones, gerente general de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal (Funica), dice que para lograr que el sector se transforme solo basta con diseñar una política pública de inversión para los pequeños y medianos productores, que son mayoría.
Briones, quien se conoce de palmo a palmo la actividad productiva de este país, cree que los esfuerzos de la cooperación internacional, privada y pública deben unificarse para sacar adelante a un sector que es el principal motor de crecimiento de Nicaragua. En estos tiempos donde vientos difíciles soplan para el café, principal producto de exportación del país, la unión de esfuerzo es aún más urgente.
Los productores también tienen que poner de su parte: abrirse a los cambios en el uso de nuevas tecnologías agropecuarias. En este escenario —añade— Funica está dispuesta a apoyar.
¿Qué impacto ha tenido Funica en el uso de tecnología en el sector agropecuario?
Desde 2000, que fue cuando nació Funica, hemos atendido a más de cuarenta mil familias productoras, hemos hecho una inversión que ha andado alrededor de los 30 millones de dólares en este periodo y con un presupuesto promedio anual de tres a cuatro millones de dólares. Es decir que si nosotros lo vemos desde un término de aporte meramente de recursos presupuestarios es poco, porque es un seis por ciento de los 50 millones de dólares que se supone se invierten en el sector agropecuario anualmente en este país. Sin embargo, nuestro aporte ha sido técnico, con un nuevo modelo de desarrollo donde los productores son parte de la solución, no únicamente reciben respuestas. Ellos se involucran en generar nuevas tecnologías que vienen a resolverle los problemas que ellos están enfrentando…
¿La tecnología agropecuaria es costosa o realmente lo que hace falta es un cambio de cultura en el agro?
Ambas cosas. La cultura de cambio en nuestro sector agropecuario está bastante estática, es decir no queremos correr riesgos, queremos seguir haciendo lo que estamos haciendo aunque ganamos poco, pero seguro, decimos. Tenemos una cultura bastante estatista que no nos permite asumir esos riesgos y cambiar. Y por otro lado, el introducir una nueva tecnología es costoso pero trae beneficios, en término de conocimiento y en término económico. Nosotros hicimos un estudio, o más bien un cálculo sobre cuánto se debe invertir por productor por año para que ellos empiecen a dar los primeros pasos en el uso de tecnología y el costo andaba por 167 dólares, es decir no es un costo nada alto si lo ves para el café, por ejemplo, con buenos precios, o el cacao que actualmente está posesionado en un mercado internacional que anda por más de 2,000 dólares la tonelada (…) Pero si hablás de tecnología para los sistemas productivos que cultivan rubros para el consumo interno ahí sí vas a ver que cuando vos vendés un quintal de frijoles a 600 córdobas y sacás la relación entre 15 y 18 quintales por manzana ahí sí no resulta esa inversión en tecnología…
Nicaragua posee una economía puramente agropecuaria. ¿Cree que este sector es prioridad dentro de las políticas públicas de este país?
Como institución siempre hemos pensado que hacen falta ciertas políticas públicas para el agro. Nicaragua no tiene una política de innovación orientada al sistema agropecuario, entonces lo que haga Funica, lo que haga el mismo INTA, o lo que hagan las ONG se está haciendo en base a su visión propias, que no están en un marco global que vaya normando, que vaya determinando roles, que vaya especificando incentivos diferenciados dentro de una política pública de innovación global. Enfrentamos en término de políticas públicas el tema de la propiedad que no está resuelto, se ha avanzado en los diferentes gobiernos, pero es un tema que no está resuelto y que tiene otros conexos como es el acceso a crédito. Entonces ese marco jurídico, ese marco de políticas que vengan por un lado a determinar dónde queremos llegar en diez años, lo deberían determinar las políticas y también cómo queremos llegar a esa década y después los productores deben buscar los recursos y caminos para llegar a alcanzar esa meta. Y cuando digo es una visión de país no es que las políticas públicas van a andar por un lado y que las instituciones van a andar por otro, tenemos que hacer esfuerzos complementarios.
¿Entonces los sectores productivos están creciendo por su propio esfuerzo…
Depende del sector. En el tema de los productos que están en el esquema de seguridad alimentaria tienen un fuerte apoyo del sector público, pero decirte algo, el café hasta ahora no ha tenido ese fuerte empuje. Hay toda una buena voluntad, no hay exclusión, pero no hay fuerte apoyo dirigido a desarrollar esta actividad aún cuando es el principal rubro que te genera divisas, que aporta a las exportaciones de este país. Igual pasa con el sector ganadero, que crece por esfuerzo propio (…)El sector público está apoyando a los productos de autoconsumo, hay que apoyar a los productos de exportación. Esto es lo que nos puede ayudar a posesionar al sector en otras condiciones.
¿Ese poco apoyo al sector explica entonces en parte la crisis del café?
Creo que es una mezcla de muchas cosas. La principal causa ha sido la falta de inversión para el manejo de los cafetales, cuando decimos la roya ataca a los pequeños cafetaleros no es porque es pequeño, no es porque es pobre, es porque no ha tenido los recursos requeridos para darle un manejo adecuado a sus cafetales. Hubo buenos precios y los productores tenían deudas que asumir y cuando estaban por despegar ahí es cuando atacó la roya. A eso se sumó la falta de financiamiento . Por otro lado, los servicios de asistencia técnica no son los adecuados. Veo que de los 262 mil productores que refleja el Cenagro apenas un seis por ciento recibe capacitación y otro ocho por ciento asistencia técnica. Es decir que tenemos nada de productores atendidos, es posible que pase, si acaso, un técnico una vez al año en una finca.
¿Cómo sacar de esa crisis al café?
Nosotros dimos una alerta desde agosto, luego en septiembre sobre este problema. Nos fallaron los sistemas de alerta temprana de plagas y enfermedades, que nos seguirán afectando por el cambio climático. Hay que fortalecer los sistemas de alerta temprana. Esta crisis amerita por un lado un fuerte plan de capacitación, pero con inversión, paralelo a esto destinar un fondo para impulsar la renovación de manera paulatina porque no podés pensar que se cortarán todas las plantas afectadas y volverlas a sembrar, porque sabemos que el ciclo del café para que pueda producir una planta es de tres años por lo menos. Hay que fortalecer la parte organizativa, es menos caro trabajar con organizaciones que con individuos.
¿Cuánto le podría tomar al sector recuperarse de esa crisis?
Por lo menos tres años solo para el proceso de renovación de los cafetales. Nosotros hacíamos los análisis si este año después de la cosecha se empieza la renovación, que no serán ni las diez mil manzanas de un solo, entonces estamos hablando de que hay que empezar ahorita para renovar en tres años y luego se debe esperar otros tres años, es decir que estamos hablando de unos seis años. Además cuando la planta es nueva, el café que produce no es tan abundante como el segundo y tercer año posterior. Y después de 15 años la productividad vuelve a caer. Si se ejecuta ese plan de renovación los productores deberán primero aprender a plantar, nosotros tenemos plantaciones de 2,000 árboles por manzana, cuando la capacidad y la carta técnica te dice que hay capacidad de 3,500 plantas por manzana, es decir estamos desperdiciando espacio. Por otro lado, hay que aprender a manejar la sombra (…) los productores deben aprender que los cafetales tienen su vida útil, y finalmente las políticas públicas deben estar dirigidas a ver qué harán estos productores y cortadores durante los tres años que no estén cosechando café. Se tiene que pensar en programas alternativos de diversificación productiva. Es decir si estás produciendo café vamos a tener que producir alimentos para mientras las plantas dan café nuevamente.
¿Cómo se deberá lidiar con el desempleo que amenaza en las zonas cafetaleras?
Sí, paralelo a lo anterior, se tiene que pensar en ese gran grupo de cortadores sobre qué van a hacer en este periodo que no haya qué cortar. Creo que hay que ir pensando en un fondo de empleo alternativo para que esta gente se ocupe, para así evitar por un lado migración de campo-ciudad, y por otro lado migración hacia el exterior.
¿Pero la banca no quiere financiar a los productores afectados por la roya?
Por eso te digo que debe haber medidas de políticas públicas. La banca comercial no se va a meter a arriesgar su capital porque al final tiene dos cosas: para una banca comercial el primer indicador de importancia a la hora de financiar es rentabilidad, si el rubro no es rentable no dará crédito; y por otro lado no se puede dejar solo a la banca la responsabilidad, también la Superintendencia debe cuidar de que los bancos no coloquen mal. O el banco Produzcamos tener una excepcionalidad con los productores cafetaleros afectados, realmente habrá que buscar una fórmula para este sector.
¿Qué opina sobre el Produzcamos?
(…) Creo que ha empezado a dar alguna muestra de agilización y de atención a una mayor cantidad de productores. Sé que tienen procedimientos engorrosos, problemas de atención porque no están en todos lados, tiene poco recursos, pero últimamente hay esfuerzo para darle un giro a esos problemas para atender de una mejor manera al sector productivo (…) Creo que las expectativas fueron mayores de lo que realmente ofreció, a lo mejor es normal…
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