Isla Los Brasiles

Allá, donde termina la playa de Poneloya, la diversión y el relajamiento todavía no tienen fin. En el último rincón de ese lugar, a solo veinte minutos de la ciudad de León hay un estero que usted debe atravesar en una lancha (si lo cruza a pie puede ser picado por una raya) y llegará a la encantadora Isla de Los Brasiles, en la cual puede encontrar manglares, criaderos de tortugas, una playa exquisita y mucha diversión.

Allá, donde termina la playa de Poneloya, la diversión y el relajamiento todavía no tienen fin. En el último rincón de ese lugar, a solo veinte minutos de la ciudad de León hay un estero que usted debe atravesar en una lancha (si lo cruza a pie puede ser picado por una raya) y llegará a la encantadora Isla de Los Brasiles, en la cual puede encontrar manglares, criaderos de tortugas, una playa exquisita y mucha diversión.

La isla, que toma su nombre debido a que antes abundaba allí el palo brasil, está como oculta y cuando usted llegue hasta ella podrá sentir la naturaleza y la tranquilidad. Viajando por el estero puede observar los volcanes San Cristóbal, Chonco y Casita. También se disfruta de la vista que ofrecen los manglares, la cordillera de los Maribios y es en esencia un sitio para aquellos a quienes les gusta la aventura y lo salvaje.

El lugar es ideal para llegar con la familia y especialmente con la pareja. También se presta para llegar a reflexionar o meditar. Muchos turistas llegan a hacer yoga y a leer o escribir libros, aunque la escasez de la energía eléctrica es una limitante para usar computadoras. Los dos o tres hostales que existen en el lugar usan planta de energía.

Uno de los hostales es Surfing Turtle Lodge, propiedad de varios socios canadienses. Aldo Fernández, uno de esos socios, justifica que a esa isla hay que llegar porque ofrece una soledad agradable. “Este es un lugar único”, dice. Kelsey, una turista canadiense, lamenta que ya le faltan pocos días para regresar a su país, ya que se ha sentido completamente relajada en la Isla de Los Brasiles. A ella la encontramos leyendo un libro en la playa, con una vista magnífica hacia el mar.

Mientras que Kristy, de Estados Unidos, está en la isla como voluntaria en el hostal y, después de atender en el bar, disfruta de la playa y dice estar encantada con el lugar.

Surfing Turtle Lodge ofrece cursos de surf a sus clientes, por veinte dólares la hora. El alquiler de la tabla tiene un valor de diez dólares. Aldo Fernández dice que las olas son magníficas en esa playa para practicar ese deporte acuático. También realizar caminatas por la noche con un guía, lo cual cuesta cinco dólares, para que el turista pueda observar de cerca cuando las tortugas salen a la superficie. Según Fernández, el dinero que se recauda de las caminatas está destinado especialmente a la conservación de las tortugas que existen en la isla, como la paslama, la carey y la tora, esta última en riesgo de extinción. Por ejemplo, compran huevos de tortuga y crean viveros para después soltarlas cuando ya son adultas.

Para quienes gustan del deporte de los balones, en el hostal hay canchas de baloncesto y de voleibol de playa. Y por la noche siempre hay fiestas para amenizar el ambiente. Y cuando no, se hacen fogatas para que los turistas pasen un rato agradable entre ellos. Definitivamente Isla de Los Brasiles es un lugar para disfrutar. La fauna del lugar le da un toque especial, prevaleciendo el venado, el conejo, el garrobo y solo una advertencia: los molestos mosquitos.

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