Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (PJChC), Mártir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional de Nicaragua, entró en la historia nacional dejando de herencia patriótica y un voluminoso legado cultural. Fue un ejemplo de entrega a su causa, que es la causa de los hombres libres que demandan para su patria una libertad sin límites, por la cual luchan y ofrendan su vida los que piensan que morir por ella significa entre otras consideraciones un compromiso, más aún cuando se estima que Nicaragua como nación es merecedora de niveles de vida superiores.
En ese afán de querer construir una República, dirigida por un sistema aceptable por las mayorías, encontró la muerte a mansalva; cayó abatido por quienes como dijo Pablo Antonio Cuadra “quieren mantener sobre Nicaragua el reino de la violencia y la opresión”. Esta frase del poeta sigue teniendo vigencia, porque el estado de cosas por el cual combatió con la pluma el doctor Chamorro se ha proyectado con más fuerza en los tiempos presentes, volviéndose necesaria la continuación de su lucha frente al escenario de la nueva época donde la hazaña redentora del Mártir de las Libertades Públicas y Héroe Nacional de Nicaragua, nos enseña a seguir su camino para proveer a Nicaragua de lo que él quiso darle desafiando amenazas y peligros que jamás amedrentaron al doctor PJChC en su recia batalla por la dignificación de Nicaragua y de los nicaragüenses.
El doctor Chamorro tuvo calidades heroicas. Por eso la Asamblea Nacional de Nicaragua, compartiendo ese criterio singular le dio oficialmente ese título. Un reconocimiento a su gigante labor contra la dictadura somocista, a la cual atacaba con indudable patriotismo la firmeza de sus convicciones que pusieron al descubierto, sin anteponer a su valentía algo que le impidiera su franca postura de un insigne nicaragüense, a quien la Patria ya le tiene un lugar fijado para que las generaciones de todas las épocas honren su ejemplo y valoren su personalidad con la justicia apropiada que su memoria exige.
Pero el testimonio del doctor Chamorro no termina con su sacrificio de aquella mañana del martes 10 de enero de 1978. Su espíritu continúa indicando los retos a seguir ahora que las sombras temibles de otra dictadura empañan el horizonte nacional disminuyéndole a Nicaragua sus derechos más vitales. En el caminar de renovados compromisos para sacar a la República de tantos obstáculos que la acechan, y la anulan, la figura del doctor Chamorro se perfila con más presencia y más beligerancia con el legado de lucha que mantuvo activo y palpitante hasta el momento sombrío del macabro magnicidio, que acabó físicamente con su valiente existencia.
En el tipo de sociedad que los nicaragüenses seguimos viviendo, donde la corrupción tiene consigo más complicaciones, es muy evidente que el valor y la honestidad se eclipsan rápido como ocurrió con este patriota extraordinario, que para siempre se ha quedado morando en la conciencia ciudadana, donde los grandes hombres ocupan destacados lugares.
Que la sangre del doctor Chamorro se torne en acusadora implacable contra los autores intelectuales que financiaron el magnicidio, a quienes la vindicta pública cuando en verdad la administración de justicia sea necesariamente eficiente los lleve al banquillo para que respondan por la acción penal del hecho cometido, y hasta entonces la aplicación de la ley pueda ser exacta en su veredicto final.
El Autor es periodista de Somoto.
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