Humberto Belli Pereira

Familia 2013

No hace falta ser sociólogo para comprender que la familia constituye la base de la estructura social, pues en ella se forman los valores y actitudes más persistentes de los ciudadanos. Sin embargo es poca la atención que se le presta. Por eso es muy atinada la reflexión que la Conferencia Episcopal de Nicaragua hizo sobre el tema al final del año. La familia, advierte, está fallando en transmitir a las futuras generaciones los valores, ejemplos y virtudes, que constituyen la sabia de una sociedad saludable.

¿Por qué? Una razón importante es el aumento de los hogares mono parentales. El problema es viejo. Pablo Antonio Cuadra había advertido cómo la familia nicaragüense, “en lugar de descansar en la dualidad natural Padre-Madre, en la cual ambos comparten las cargas y se complementan, lo hacen sobre su componente más débil: la mujer, que como esposa es solamente una provisional compañera, y como madre una heroica víctima que soporta todo el peso de la prole de diversos padres…”.

Como trasfondo del problema está el hecho de que la mayoría de las parejas nicaragüenses son reacias al matrimonio, es decir, esquivan el compromiso de vivir fielmente unidos y asumir la responsabilidad de la crianza y educación de sus hijos. También afecta la abundancia de embarazos adolescentes, producto a su vez de relaciones casuales y la permisividad sexual. El desequilibrio de la madre chavala, sobrecargada, y un muchacho tránsfuga, irresponsable, aumenta la pobreza y redunda en proles desatendidas; en niños que rara vez gozan de plática y juegos con sus progenitores. Sus padres, si acaso están, raramente les platican o cuentan cuentos, y casi nunca —o nunca— les dan orientación sobre la vida y sus deberes.

La niñez en estos hogares transcurre entre gritos, enfados y golpes, con el ruido de fondo de una televisión permanentemente encendida, que vierte basura y, a veces, veneno. Son casas donde escasean tanto los buenos ejemplos como los adultos varones que puedan servir de modelo, y que hacen la calle más amigable. Y es desgraciadamente allí, entre los vagos del barrio y los jefes de pandillas, que los niños adquieren sus referentes morales.

Pero el fallo del hogar, como educador y formador, se da también en matrimonios o familias más estables. Ocupados con otros afanes, son muchos los padres y madres que descuidan su responsabilidad más importante: formar hijos con buen criterio y comportamiento. Mucha televisión y videojuegos, y poca disciplina y conversaciones, redundan en jóvenes más socializados por los valores predominantes en los medios de comunicación, o en el ambiente, que por los de sus padres.

La abdicación de las responsabilidades parentales suele ir acompañada de una novedosa timidez. Observaba el sociólogo argentino, Coen, que hasta hace poco los hijos temían a sus padres: a sus castigos, regaños o amonestaciones. Aunque sujeto a desatinos y abusos, esto reflejaba el orden natural de la vida: los mayores ejerciendo autoridad y gobierno sobre los menores. Hoy, sin embargo, añadía, “presenciamos la primera generación, en la historia de la humanidad, en la cual los padres tienen miedo de los hijos”, —miedo a disciplinarlos—, a no darles gusto, a serles antipáticos. A ellos cae, precisamente, uno de los exhortos del mensaje episcopal: “Deseamos vivamente que los padres de familia asuman con seriedad y responsabilidad además de su fidelidad recíproca en el amor, también su misión de acompañar, corregir y educar a sus hijos”.

Enderezar la familia y educar para la familia debería encabezar la lista de prioridades. Y entre los posibles propósitos de año nuevo, pocos pueden ser mejores que tratar de ser mejores padres y madres.  

El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.

COMENTARIOS

  1. Latito
    Hace 14 años

    Muy atinado articulo. Esa es la triste realidad de la actual familia nicaraguense. Los padres de las ultimas generaciones se criaron sin valores y como van a trasmitirlos a sus hijos si no los conocen?

  2. Adela
    Hace 14 años

    Esas son consecuencias del patriarcado, donde el patriarca tiene la potestad de tener cuantas mujeres se le ocurra, y tiene hijos regados por el mundo. La cultura nicaraguense no es tan diferente que la de los musulmanes. La diferencia es que para ellos las leyes se lo permiten, en Nicaragua no, pero de todos modos lo hacen.

  3. nestor castellon
    Hace 14 años

    Muy buen tema, pero hay que ponerlo de portada y con la importancia de cualquier noticia de ultima hora.

  4. Tania
    Hace 14 años

    Sr Belli, los embarazos en niñas y adolescentes son producto de la violencia sexual ptomovida por quienes siguen con el discurso de la superioridad masculina. El que la Iglesia que no tiene prole se dedique a hablar de la familia es como si un zapatero se pusiera a hablar de astronomia. Por cierto la sociologia podria dar un poco mas de luz a su analisis.

  5. Jairo Corea
    Hace 14 años

    Adela, cual patriacardo? en este pais la que trabaja es la mujer mientras el hombre esta de vago. Acaso los chavalos el hombre solo los pone sin participación de la mujer?? que lindo son igual de responsables los dos

  6. Semidioses
    Hace 14 años

    A los regímenes «socialista» les conviene que la familia como base social siga su camino de desintegración pues su tesis supone que los padres y madres son simples multiplicadores de masas . Es pues el Estado el «papa de todos» y sus dirigentes «semidioses».

    El objetivo mas oscuro y sutil de la nueva Ley 779 » Ley Integral Contra la Violencia hacia la Mujer)», no es mas que alentar divorcios y desalentar a los jovenes a tener una relacion solida basada en el amor y el respeto mutuo.

  7. Tania
    Hace 14 años

    Cuestionar la necesidad de la Ley 779 solo puede indicar que se siente aludido. Señor esta ley es para los agresores y es una ley justa. No se puede seguir promoviendo excusas para que las mujeres sean malmatadas o la impunidad como el caso de violacion a la niña de 13 años. Ese no es el pais que queremos.

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