Félix Rivera M.
Hace doce años don Pedro José Picado, un comerciante de granos del mercado de Jinotega, quien en ese momento tomaba cursillos de cristiandad se dijo a sí mismo: “En Jinotega hace falta quien ayude a la niñez desamparada”.
Un año más tarde, en el 2001, fundó junto con Antonio Montenegro, Bayardo Sandoval, René Herrera y otros hermanos, la Conferencia Padre Pío, de Jinotega.
Como todo inicio, fue duro y difícil llegar a tener la credibilidad entre sus colegas comerciantes del mercado y otros donantes de Jinotega y hubo que esperar cinco años para hacer realidad su sueño: garantizarles un tiempo de comida a niños pobres desamparados.
“La conferencia Padre Pío no solo se trata de tener el comedor para cincuenta niños pobres y desamparados de Jinotega, sino que les enseñamos a creer en Dios y tener fe, respeto a la gente incluyendo a sus compañeritos de comedor, asistir a la escuela, luchar por la superación personal y cuando lleguen a adolescentes y jóvenes, puedan coronar carreras técnicas y profesionales, pero ya siendo autosostenibles ellos, porque quisiéramos llegar hasta allí, pero la cobija nonos da”, refiere don Pedro.
Contento con la obra que impulsa dicha conferencia, Picado sostiene: “Todos los niños y niñas que asisten al desayuno diario en un local alquilado en cien dólares, ubicado en el barrio Linda Vista Sur de esta ciudad, están estudiando en escuelas primarias, antes no lo hacían y cinco de ellos estudian ya en secundaria”.
PRIMERAS COMUNIONES Y QUINCEAÑERA
El 25 de diciembre hubo un almuerzo para los cincuenta beneficiarios en la parroquia Maximiliano Colve, del barrio Róger Hanguien, de Jinotega, donde además seis niñas y un niño hicieron su primera comunión y una joven Marlin Elizabeth Montenegro Rodríguez, quien llegó al comedor hace cuatro años, celebró sus 15 años.
“Llegar a la Conferencia Padre Pío es lo mejor que me ha sucedido. Mi padre no sé si existe, mi mamá vive trabajando de finca en finca. Aquí he aprendido muchas cosas, sobre todo a creer en Dios y yo fui educada aquí y ahora doy charlas a los niños, he aprendido a querer, teniendo como ejemplo lo que he vivido dentro de esta conferencia”, dice Montenegro.
Ella estudia tercer año en el Instituto Benjamín Zeledón de esta ciudad y piensa estudiar Contabilidad.
Una sobrinita de ella, Mariela Anahí Centeno, ya tiene dos años de haberse integrado al comedor y la Conferencia Padre Pío.
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