Roberto Rosales

¿Cómo queremos vivir la Navidad?

Se acerca la Navidad, fiesta para niños y también para adultos. A todos los sitios donde uno vaya encontrara el árbol y el Nacimiento tradicional, muestra clara de nuestras raíces cristianas. A la vez se puede eclipsar el sentido de esta celebración con el bombardeo publicitario, las macrofiestas de fin de año. Contrastan noticias durante el período dl Adviento, como la de los árboles de Navidad que se suprimen en Bruselas o Dinamarca y el papa publica su libro sobre la infancia de Jesús, que es un éxito.

Para algunos la Navidad se ha convertido en una fiesta consumista que traiciona sus valores espirituales; las costumbres locales se pierden en detrimento de la globalización; estas fechas implican una alegría forzada para aquellas personas que tienen malos recuerdos —en otras palabras, que los demás no sean felices, porque yo no lo soy—; se alimenta un espejismo de buenas intenciones que solo beneficia a los más sagaces vendedores; los excesos en regalos, compras, comidas y banquetes deben compensarse con dietas hipocalóricas y rebajas en enero.

También en Estados Unidos encontramos numerosos casos de “cruzada laicista”. Más en concreto, en la californiana Santa Mónica, una serie de decisiones judiciales ha desembocado en la prohibición de acoger nacimientos o signos navideños en los espacios que son propiedad municipal. Se trata de un logro de ciertas organizaciones antirreligiosas que han ido adaptando varias tácticas, en su afán de expulsar los símbolos religiosos del entorno público (Time, 26-11-2012). Sus dos grandes argumentos son contradictorios. De entrada, las asociaciones “ateístas” aducían que la Primera Enmienda de la Constitución impide a un gobierno favorecer la religión, pero el texto literal es este: “El Congreso no hará´ ley alguna con respecto a la adopción de una religión o para prohibir el libre ejercicio de una religión”. Entonces, ¿que´ colisión hay entre la Primera Enmienda y los nacimientos de los parques públicos? De cualquier modo, la literalidad de esta Enmienda ha sido estirada hacia el laicismo, durante las últimas décadas, por parte de la Corte Suprema. Asimismo, conviene recordar que los presidentes juran el cargo con la mano encima de una Biblia, y que la Declaración de Independencia se basa en la ley de Dios —citado dos veces de manera explícita— y se acoge a la “protección de la Divina Providencia”. El segundo argumento de los laicistas era la igualdad de oportunidades y de libertad de expresión; si solo los cristianos se expresan en Navidad, se impide a los demás el ejercicio de ese derecho. A la postre, la solución no ha sido otra que la que solo contenta a los ateístas. Así, la Navidad y los abetos decorados y los nacimientos solo pueden contemplarse en espacios privados, bajo iniciativa y financiación particular.

Aunque el panorama en Nicaragua no se parece a nada de lo anterior, no podemos dormirnos, porque la globalización, tarde o temprano, nos puede comer nuestras costumbres y valores cristianos. Podríamos estar equivocando nuestro comportamiento y sofocarnos con lo menos importante. Tal vez estamos contribuyendo a un mundo de armarios repletos y almas vacías, que cada vez son más infelices. Ni los niños ni los adultos necesitamos una “terapia de compras” para pasar bien las próximas fiestas.

Estimado lector, con estos pocos ejemplos quiero dejar para tu consideración si no tendremos que invertir el orden de nuestras prioridades para vivir mejor la Navidad. Si no lo has hecho, hay que comenzar por las tradiciones que dan contenido. Una de ellas es hacer el nacimiento en tu casa. Papá a dar el ejemplo y ponerse a hacer el nacimiento con tus hijos y así podrás enseñarles qué significa la Navidad. De lo contrario la opción comercial va a cobrar mayor relieve. Y cuando ese hijo llegue a adulto y forme una familia, tal vez pondrá el Nacimiento si se casa con una buena mujer con valores medianamente acentuados que le anime a hacerlo. Recuerde que el Árbol de Navidad también tiene un sentido cristiano y es por ello que embellece el hogar. Obviamente aquí no acaba todo. Es solo el inicio para vivir mejor la Navidad aprovechando este tiempo de Adviento.

El autor es ingeniero Industrial

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí