Ramón García Gibson(*)
La tragedia del pasado 14 de diciembre de 2012 durante el tiroteo en una escuela en el estado de Connecticut, Estados Unidos, (EE.UU) que dejó un saldo de veinte niños y seis adultos muertos es una situación que a todos nos llena de tristeza, indignación y nos hace reflexionar profundamente sobre un tema que se ha discutido hasta el cansancio sin lograr resultados satisfactorios. Denota un deficiente control en la venta y portación de armas, situación que habría que analizarse así como de ser el caso identificar a qué sectores beneficia económicamente el que las cosas sigan como están.
En EE.UU. la posesión de armas es reconocida como un derecho constitucional y uno de los grupos que más defienden este derecho es la poderosa Asociación Nacional del Rifle. Por otra parte es muy preocupante desde el punto de vista de un claro deterioro social el que un joven Adam Lanza, de 20 años, sea capaz de primero asesinar a su madre y vecinos, tome el automóvil de su recién asesinada madre y se dirija a la Hook Elementary School ataviado con ropa de combate y armado con pistolas y un rifle, todas estas armas semiautomáticas. Para entender el perfil psicológico del joven Lanza, de acuerdo con fuentes de prensa, es recordado como inteligente, introvertido y nervioso, así como una persona desesperada por no poder atraer la atención de los demás. ¿Por qué se están volviendo tan violentos algunos de los jóvenes en Estados Unidos y los diferentes países? Debe existir una causa detonadora, es una tarea a la que se deben abocar en identificar y resolver los expertos en la materia; sociólogos, psicólogos, maestros, psiquiatras y trabajadores sociales. Para evitar crímenes como los perpetrados por Lanza así como existen organismos internacionales que entre sus funciones tienen las de dictar lineamientos que aplican a la mayoría de los países miembros para combatir el lavado de dinero, como es el caso del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), es muy recomendable el que exista un sensor de carácter internacional que emita recomendaciones sobre el control en la venta de armamento y que el cumplimiento de dichas recomendaciones sea revisado de forma periódica. ¿Acaso es más grave el lavado de dinero que la venta indiscriminada de armas? Para efectos de control de armas, tenemos la recomendación 7 del GAFI: sanciones financieras dirigidas relacionadas a la proliferación. “Los países deben implementar sanciones financieras dirigidas para cumplir con las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas relativas a la prevención, represión e interrupción de la proliferación de armas de destrucción masiva y su financiamiento.
Estas resoluciones exigen a los países que congelen sin demora los fondos u otros activos de, y que aseguren que ningún fondo u otro activo se ponga a disposición, directa o indirectamente, de o para el beneficio de, alguna persona o entidad designada por o bajo la autoridad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dentro del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas”.
Desgraciadamente siempre existirá un mercado negro clandestino en la compra venta de armamento pero la existencia de controles robustos es inexcusable. Ya lo decía el escritor, orador y político romano Marco Tulio Cicerón: “Las leyes callan cuando las armas hablan”. Es obligación de los diferentes gobiernos el hacer que las leyes prevalezcan regulando de forma efectiva la venta y portación de armas.
(*)Columna publicada los lunes en El Financiero de México.
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