Querida Nicaragua: Es verdaderamente lamentable observar la incontenible ola de hechos violentos en contra de las mujeres. Hay violencia en general, pero se ensañan en la mujer. Un individuo salvaje machetea a su compañera por celos sin importarle el tierno hijo de ambos. Este es el último botón de muestra.
Hemos creído que con aprobar la Ley 779, que supuestamente protege a la mujer, se detendrá la violencia de los apaleadores de mujeres. Estos individuos no conocen la ley, no leen periódicos ni escuchan noticias.
Seguramente no tuvieron hogar ni escuela. Y es que la convivencia humana se aprende primero dentro del hogar, con el ejemplo de los padres. Si el niño desde pequeño ha visto cómo el padre llega borracho, ofende a la mujer, la maltrata, le exige y por último le da de trompadas, ese niño no tendrá más ejemplo que la violencia familiar. Si ese niño no va a tener la oportunidad de ir a ninguna escuela, crecerá entre pandillas y aprendiendo solo maldades, será un futuro apaleador de mujeres.
No hay tal ley que pueda parar tanto asesinato de mujeres, tanto maltrato y violación de jovencitas. El único remedio está en la educación.
Si los gobiernos se preocuparan por construir suficientes centros escolares, contratar profesores especializados, invertir el dinero del pueblo en construir centros educacionales y reparar los existentes, si quisieran privilegiar el área educativa como el principal problema junto con la salud del pueblo, tendríamos una sociedad con otro tipo de comportamiento.
Si verdaderamente este Gobierno estuviera convencido de que la educación de los niños es lo fundamental para el desarrollo de la sociedad y para terminar con la pobreza, otro gallo nos cantara. Si no se interrumpieran las clases de primaria y secundaria cualquier día para sacar a los alumnos a ver un partido de futbol entre el Barsa y el Madrid que realmente poco nos interesan, entonces los muchachos aprovecharían el tiempo para aprender no para vacacionar.
Si hubiese como antes un manual de enseñanza que incluyera urbanidad y trato social, moral, buen comportamiento, fomento de las buenas costumbres, respeto por los semejantes, amor por trabajo y disciplina en el cumplimiento del deber, toda la sociedad cambiaría en unos cuantos años. Pero si los gobiernos están interesados únicamente en introducir ideas partidarias en la mente de la juventud, el país seguirá sumido en la desgracia, en la violencia familiar, en los vicios y en la mediocridad.
La violencia familiar y en especial la violencia contra la mujer solo puede combatirse con educación. Y hay que comenzar cuanto antes porque hay muchos adultos analfabetas que si hubieran estudiado tendrían hogares pobres pero educados, pobres, pero honrados como dicen nuestros campesinos.
Todo esto lo saben perfectamente los gobernantes actuales. Saben cómo Taiwán, por ejemplo, salió de la pobreza y cómo Japón se convirtió en una potencia industrial. Bien saben que los países europeos van adelante porque son educados y tienen un sistema de vida donde los niños son educados desde su infancia.
De modo que no hay leyes que valgan contra la brutalidad de un hombre ignorante, apaleador de mujeres, vicioso y asesino. El remedio es la educación. Solo la educación.
El autor es director general de Radio Corporación.
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