EL CAIRO/EFE
En el barrio Sayida Zeinab, los electores se dividían entre quienes apoyaban la nueva Carta Magna por ser “garantía de progreso”, y sus detractores, que insisten en que ha sido monopolizada por los islamistas en el poder.
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Egipto se lanzó ayer a votar la nueva Constitución que siembra la discordia entre islamistas y laicos, en un referendo marcado por denuncias de irregularidades.
Desde la apertura de los colegios electorales se registraron largas colas de egipcios que ejercieron su derecho al voto, condicionados por la tensión política reflejada en las calles con manifestaciones y episodios violentos.
Los opositores, en su mayoría liberales y laicos, critican que el texto constitucional haya sido aprobado por una Asamblea dominada por islamistas y alegan que recorta derechos y libertades y abre la puerta a una interpretación islamista de la ley, entre otros aspectos.
Entre las infracciones detectadas por el Frente y otros grupos civiles figuran la existencia de muchas urnas sin sellar con cera roja y el uso de supuesta “tinta mágica” para marcar los dedos de quienes ya han votado y que se borra al cabo de un rato.
El Movimiento Revolucionario 6 de Abril alegó que en algunas mesas había funcionarios que se hacían pasar por jueces, encargados de supervisar el voto. Una parte de los magistrados boicoteó la cita en repulsa por las últimas decisiones del presidente egipcio, Mohamed Mursi, lo que ha obligado a ampliar la votación al próximo día 22 para garantizar la supervisión del proceso.
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