Telemundo entrevista a Eduardo Enríquez
Ramón H. Potosme
El editor en jefe del Diario LA PRENSA, Eduardo Enríquez, se encuentra en Miami para presentar su libro Muerte de una República , esta noche en la Biblioteca Pública del Condado, en el 9445 SW 24 calle (Coral Way).
La tesis de Enríquez es que en un gobierno republicano debe existir un equilibrio entre las diferentes fuerzas políticas, donde se ejerce ciudadanía, se respetan los derechos de las minorías y donde las leyes son iguales para todos, pero que en los últimos gobiernos no se ha cumplido con estos parámetros.
Ante la pregunta si en este momento existe algún político que tenga la visión de recuperar el Estado de Derecho, dice: “En realidad no. Pero pueden llegar a tenerla. Lo que pasa es que deben dejar de ser políticos de alturas, o sea que deben dejar de ver a la política como un medio que les da una vida glamorosa”.
La propuesta del libro es un cambio de mentalidad y de actuar. Para Enríquez es importante la educación y la juventud que deben tomar conciencia y graduarse de ciudadanos para asumir sus responsabilidades ciudadanas y exigir sus derechos ciudadanos.
Si está muerta la República, ¿en qué momento estuvo viva?
Revisando la historia de Nicaragua, hay dos momentos en que Nicaragua al menos se aproxima a un sistema de gobierno republicano. Aunque puede causar polémica lo que voy a decir esos dos momentos son: los 30 años conservadores, o sea más o menos de 1860 a 1890 y luego, 100 años después, en 1990 nace lo que debe ser una República, pero como digo en el libro, es enclenque porque no existía ni existe, entre los políticos y entre los nicaragüenses sobre las características de este sistema.
Es por eso que el primer capítulo del libro, que llamo La República, el reino del equilibrio , describe esas características. Esa República enclenque trató de sobrevivir a través de buenos y malos gobiernos durante esos 16 años pero el que le da el tiro de gracia es Daniel Ortega a partir que retoma el poder en 2007.
En nuestros sistema hemos visto dos contradicciones, mientras hay momentos en que se respeta el derecho, no hay un crecimiento económico. ¿Cómo entonces la gente va a buscar un sistema democrático que no le beneficia económicamente?
Yo no creo que cuando se haya respetado el derecho no haya habido crecimiento económico, lo que pasa es que ese crecimiento en un país como Nicaragua no solo depende del respeto al derecho, que es la base para un crecimiento sostenido. Por ejemplo, en estos últimos seis años se habla de crecimiento económico porque hay ayuda venezolana y hubo buenos precios internacionales de nuestros productos, ¿pero ese crecimiento le llega al más pobre? El crecimiento no le llegó antes y no le llega ahora porque el sistema actual, ni los políticos que tuvimos antes, lo permiten. La propuesta del libro es un cambio de mentalidad y de actuar. Si no hacemos eso vamos a seguir cayendo y recayendo en estos vicios de dictadura, represión, violencia y dictadura que hemos vivido durante 190 años.
¿Por qué es válido hablar en estos momentos de institucionalidad y democracia?
Porque es la única respuesta para que el país salga adelante. Los elementos son institucionalidad, separación de poderes, respeto al Estado de derecho y a las libertades individuales. Eso te crea un sistema de gobierno que facilita el desarrollo no solo para una élite sino para todos. Como el sistema se sostiene en el voto ciudadano el político está obligado a responder a las necesidades reales de la población: educación, trabajo, seguridad y salud. El libro explica cómo se alcanza eso porque no creás que se alcanza porque de pronto los políticos se convierten en ángeles. Es todo un andamiaje que hay que montar, pero si llegamos a entender que todos estamos en el mismo barco a todos nos conviene que ese andamiaje funcione.
¿Encuentra usted en los políticos actuales alguna visión de cómo recuperar el Estado de derecho?
En realidad no. Pero pueden llegar a tenerla. Lo que pasa es que deben de dejar de ser políticos de alturas, o sea que deben de dejar de ver a la política como un medio que les da una vida glamorosa. La política verdadera es mucha suela, mucho sudor y mucha cercanía con las necesidades de la gente.
¿Hay alguna esperanza en la juventud o en las organizaciones de jóvenes?
Yo creo que sí porque ese es el otro elemento de la ecuación, que la población, no solo los jóvenes pero principalmente ellos, tomen conciencia de que deben graduarse de ciudadanos, esto significa que deben asumir sus responsabilidades ciudadanas y exigir sus derechos ciudadanos. Voltear la vista o hacer como el avestruz no soluciona nada. Más bien empeora la situación. La juventud es el principal impulsor del cambio, pero no es un cambio a la loca porque terminamos con lo que obtuvimos en los años ochenta, gente que sacó a un grupo para tomar sus puestos e imitar el estilo de vida y de gobierno de los que habían expulsado. Eso se repite ahora y eso no nos lleva a nada.
Usted plantea que parte de la falta de democracia es porque no se ejerce ciudadanía. ¿Qué se requiere para que haya algún cambio, una actitud individual o la promoción masiva de los derechos?
Las dos cosas. Pero hay otro factor clave: la educación. Ahora, en estos momentos el Gobierno no tiene el mínimo interés de impulsar una educación para todos y para el desarrollo. Es por eso que creo que para impulsar la educación debemos empezar a hacerlo desde la empresa privada y desde los ciudadanos. Esa va a ser una responsabilidad que vamos a tener que tomar, pero de forma coordinada para que funcione y sea efectiva.
Usted en sus artículos plantea que se debe votar para no perder el ejercicio. ¿Sirvió de algo en la última elección?
Hubiera servido si la gente hubiera salido a votar, aunque eso no hubiera evitado el fraude porque el fraude viene de muy atrás. El problema es que el orteguismo tuvo éxito con su estrategia de hacer perder la confianza que los nicaragüenses tenían en su voto. El voto era el principal enemigo del orteguismo, lo elimina y tiene vía libre. Ahora la respuesta de muchos ha sido quedarse en sus casas. Yo pregunto ¿y eso de qué sirvió? Se dice que un sesenta por ciento se abstuvo en las últimas elecciones. ¿Te imaginás ese sesenta por ciento en la calle exigiendo que se le respetara su voto como sucedió en Matiguás, La Paz Centro o Nueva Guinea? La situación se vuelve incontrolable para el régimen.
El concepto de democracia en Nicaragua es muy amplio pues mientras los oficialista consideran que ejercen la “democracia directa” , la oposición se cree muy “demócrata”. ¿Qué debe ser lo básico para que digamos estamos bajo un sistema democrático?
Es que yo no hablo de un sistema democrático precisamente porque democracia significa la decisión de la mayoría. Si la mayoría decide sacarle los ojos a los gordos yo voy a estar en problemas, pero va a ser una decisión democrática. Yo hablo de un sistema de gobierno republicano donde hay equilibrio entre las diferentes fuerzas políticas, donde se ejerce ciudadanía, donde se respetan los derechos de las minorías y donde las leyes son iguales para todos. Ese sistema tiene características muy específicas que o se cumplen o no y si no se cumplen entonces podés afirmar que la República está muerta.
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