CARACAS/AFP/EFE
Los venezolanos viven entre rumores e incógnitas la ausencia del presidente Hugo Chávez, una semana después de que el mandatario, desaparecido de la vida pública, viajara de nuevo a Cuba para seguir con su tratamiento médico.
En una calle en el centro de Caracas, Yomaira Soto, una desempleada de 46 años que camina con bolsas de compra, opina convencida: “Ahora (Chávez) está descansando y haciendo sus chequeos médicos. Si estuviera mal, no hubiese tenido fuerza de voluntad en su campaña y todo lo que hizo en las elecciones”, que ganó con holgura, dice.
El 30 de junio de 2011, Chávez anunció al mundo que tenía un cáncer del que apenas dio detalles, y desde entonces, cada vez que se sometió a una operación o a un ciclo de quimioterapia o radioterapia bajo un estricto secretismo, aparecieron en las calles del país y en las redes sociales todo tipo de opiniones y rumores sobre su estado de salud.
“Sabemos que está en buenas manos con el pueblo cubano y con su medicina, que es una de las mejores del mundo. Lo están repotenciando porque va a llegar todo hecho un Chaveznator”, dice convencido Jorge Moreno, de 45 años y propietario de una tienda de souvenires revolucionarios.
Para el sociólogo Ignacio Ávalos, los venezolanos se han acostumbrado “a que la enfermedad del presidente Chávez es un secreto de Estado” y a que “el presidente o su segundo” informen de lo que creen “prudente informar, que siempre es una cosa muy parcial”.
“Se habla de radioterapia, de quimioterapia, de si se le cayó el pelo o no se le cayó. De repente los venezolanos, somos expertos en cáncer, le preguntas en la calle en un semáforo a alguien y te dice el cáncer está en la zona no sé qué, en la zona no sé cuántos, la probabilidad de vida… Es la forma de nosotros de decir que sabemos, pero en realidad no sabemos”, asegura.
El pasado martes, Chávez, que en julio se declaró libre del cáncer, volvió a viajar por un tiempo indefinido a La Habana, tras pedir autorización a la Asamblea Nacional, para someterse a un tratamiento de oxigenación hiperbárica, aunque a diferencia de sus anteriores viajes, este se identifica por su hermetismo.
En su columna semanal, el escritor Alberto Barrera ironizaba el domingo sobre las mil y una teorías que los venezolanos manejan estos días: “Se ha dicho que jamás se curó”, “que el tumor volvió a aparecer en sus caderas”, que su enfermedad es un “disfraz” para viajar a Cuba y “asesorar a las FARC en las negociaciones de paz”. O “que su enfermedad solo es un guión de Fidel y que cuando Chávez va a Cuba, los dos se sientan al borde de una alberca, en una soleada casa de El Vedado y pasan horas carcajeándose, leyendo las diferentes noticias, tomando mojitos y muriéndose de risa”.
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