Nuevos miembros en el CDH de la ONU
Los derechos humanos se están convirtiendo en prostitutas universales. Los derechos humanos están en boca de todos y sus más fervientes defensores son los representantes de regímenes que sistemáticamente los conculcan. Cuba —la de los sanguinarios déspotas Castro— fueron miembros del Consejo. Junto con China, otro gobierno obsesionado por la defensa de los derechos humanos, y otros muchos más que ostentan semejantes méritos.
Siguiendo con esta gloriosa tradición, el pasado 9 de noviembre, Venezuela, Brasil y Argentina fueron nombrados miembros del Concejo.
Me pregunto: ¿cabe todavía mayor desatino e insensatez? Encomendar a la Venezuela de Chávez la defensa de los derechos humanos es exactamente igual que poner a los lobos como guardianes protectores de las ovejas. Creo que es archiconocido entretanto que en Venezuela no queda derecho humano por violar. Siguiendo los sabios consejos de Fidel, Venezuela ha organizado un sofisticado sistema de opresión. Decir allí esta boca es mía es una inaguantable provocación que determina la inmediata intervención de los órganos de seguridad. La única boca que tiene derecho a decir todo, en voz alta, es la del comandante. El sistema de opresión de las libertades públicas y privadas ha alcanzado tal perfección que el milico regordete se puede permitir el lujo de organizar elecciones aparentemente libres, pero en realidad tan finamente amañadas que conducen siempre al mismo resultado.
El segundo nuevo miembro del Consejo es la Argentina. La señora Kirchner es deudora de Venezuela —no solo económicamente— en muchos aspectos. De hecho gobierna al país con las mismas recetas de Venezuela. El poder ejecutivo controla con creciente éxito al poder legislativo y judicial; ha desmantelado el ejército y fomenta indirectamente la creación de milicias irregulares; la libertad de información está seriamente restringida. En la Argentina hay más presos políticos que en Venezuela. Destacados miembros de las antiguas guerrillas comunistas forman parte del gobierno, algunos como defensores de los derechos humanos…
La dictadura populista se ha instalado también en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. En las elecciones municipales que acaban de llevarse a cabo en Nicaragua el gobierno ha conseguido una abrumadora mayoría gracias a un sistema fraudulento aplicado desvergonzadamente, tanto que hasta los difuntos han sido alistados para votar.
Es realmente desolador comprobar que la defensa de los derechos humanos está hoy —sobre todo en Hispanoamérica— en manos de quienes más lo apabullan.
José Leopoldo Decamilli, Berlín
Fallo en La Haya
Con el reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, máximo tribunal para dirimir discordias y diferencias entre los Estados de casi todos los países del mundo, revive en Nicaragua la esperanza de recuperar al fin esos territorios marítimos de los que fue despojada hace ya tanto tiempo, desde comienzos del siglo XVIX. Pero también viene a colación el tema del cumplimiento de las leyes, a lo interno y externo de los Estados que aceptan la jurisdicción de la Corte mencionada. Colombia se niega a acatar el fallo decididamente y los nicaragüenses, a través de nuestro gobierno, demandamos ese cumplimiento de manera inmediata e incuestionable.
En este contexto he visto aparecer en la televisión en varias ocasiones al presidente Ortega, vehementemente, haciendo el llamado al pueblo y al gobierno de Colombia para que cumpla con lo dispuesto por la Corte y los preceptos del Derecho Internacional, y acepte esta resolución que de por sí ya es inapelable.
Los nicaragüenses como pueblo tenemos toda la autoridad moral para exigir que se cumpla con lo decidido por la Corte, y aplaudimos el fallo, pero ¿qué moral tiene el gobierno de Ortega para hacerlo? Como decimos en buen nicaragüense: “Lo que es bueno para el ganso, es bueno para la gansa”.
Aquí en Nicaragua, Ortega ha violado sistemáticamente las leyes internas de la República y su Constitución; se ha burlado del pueblo y de las instituciones democráticas que aseguran la inserción de nuestro país en la línea ascendente de la historia. Así las cosas, primero debemos respetar a nuestro pueblo y sus instituciones democráticas, para después poder exigirle a otro país el cumplimiento de lo decidido por un tribunal extranjero.
Álvaro Quintanilla Martínez
Conquistar la felicidad
Conocemos y experimentamos en la vida ordinaria la cercanía de personas cuya forma de ser y su comportamiento despiertan la atracción de lo valioso. Reflejan cualidades positivas que van desde su imagen externa a manifestaciones de sinceridad, amabilidad, respeto, valor. Por ejemplo, ante un deportista que juega limpio y bien, no solamente decimos que es un buen jugador, sino, que por encarnar valores morales, decimos que es un “deportista bueno”. Y así ante otras personas, un médico, un conserje (…) decimos que son “un médico bueno”, o “un conserje bueno”. Con estas expresiones, no decimos solamente que son competentes en su profesión, sino que, junto con ello, son buenas personas.
Las personas somos capaces de desarrollar cualidades, virtudes como la sinceridad, la amabilidad, la honradez, (…), que exteriorizamos en nuestros comportamientos de forma diversa por acciones valiosas. Mas no solo, por ellas, hacemos actos valiosos, sino que hacen más valioso a quien los realiza. Nos hacemos más sinceros, amables…, es decir que la virtud repercute en el sujeto, le hace mejor.
Las preguntas: ¿qué puedo hacer? ¿qué debo hacer? ¿qué es lo mejor? Han sido contestadas de forma diversa, aunque en todos los casos se apunta a la realización personal, a la realización del bien y a la felicidad. Las diferencias las encontramos a la hora de especificar en qué consiste y en cómo alcanzar lo bueno y la felicidad, a partir de la naturaleza humana.
Con todo, dos observaciones se nos presentan con la fuerza de los hechos: la constancia histórica de valores como la libertad, la justicia, el respeto, la amistad (…) y la experiencia de las personas que encarnaron en su vida los valores con una cierta intensidad y excelencia.
Ambas observaciones nos permiten afirmar que aunque haya diversidad y grado de bienes, lo mejor supera a otros bienes parciales. El conocimiento, los bienes materiales, incluso en grado inferior el dinero, pueden contribuir a una cierta felicidad, pero la felicidad completa no la encontramos ahí.
Quienes han experimentado con fuerza el ansia de felicidad, como San Agustín, lo expresaron con palabras que denotan la fuerza del amor creador de Dios: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”; u otros razonamientos relacionados con el conocimiento y el amor, que ponen de manifiesto que la felicidad perfecta no se da en esta vida, ya que la felicidad definitiva exige conseguir el bien que colme la naturaleza racional de forma estable y definitiva, junto con la ausencia de todo mal. Durante nuestra existencia terrena, podemos conquistar “cierta felicidad” que incluye horizontes de conocimiento y amor de Dios. Un autor actual lo expresa con estas palabras: “La contemplación de Dios nos acerca a la eternidad ya en esta vida y eleva nuestra alma por encima de la fatiga propia del tiempo; da una serenidad y gozo interiores que los sucesos de la fortuna no pueden dar ni quitar. Por el contrario, cuando el hombre se aleja de Dios y se encierra en los bienes terrenos, nunca está satisfecho y de todo se hastía”.
José Arnal
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