Crepúsculo: Amanecer 2

La última adaptación de libros de Stephenie Meyer dejará satisfecho a su ejército de fanáticos. Los que no estamos en ese club, nos enfrentamos a un relato narrativamente torpe y anti-climático. El triángulo amoroso entre Bella Swan (Kristen Stewart), el vampiro Edward (Robert Pattinson) y el hombre-lobo Jacob (Taylor Lautner) dio combustible para tres largas películas y se resolvió en el altar. Ahora, el fruto de sus entrañas —bendecido por el matrimonio, por supuesto— está en la mira de los Volturi, la familia de despiadados chupasangre concebida como los villanos de este mundo vampírico.

La última adaptación de libros de Stephenie Meyer dejará satisfecho a su ejército de fanáticos. Los que no estamos en ese club, nos enfrentamos a un relato narrativamente torpe y anti-climático. El triángulo amoroso entre Bella Swan (Kristen Stewart), el vampiro Edward (Robert Pattinson) y el hombre-lobo Jacob (Taylor Lautner) dio combustible para tres largas películas y se resolvió en el altar. Ahora, el fruto de sus entrañas —bendecido por el matrimonio, por supuesto— está en la mira de los Volturi, la familia de despiadados chupasangre concebida como los villanos de este mundo vampírico.

El cristianismo conservador de Meyer y la mitología sobrenatural asociada al vampirismo y la licantropía siempre se han acoplado incómodamente. Las reglas de su universo ficticio son alteradas según los caprichos de la trama. Con el triángulo amoroso resuelto se busca desesperadamente una excusa para mantener al lobito perdedor en escena, así que este ejecuta un extraño ritual mediante el cual “se imprime” en Renesmee, o algo así. Puede ser que solo sea el equivalente del padrinazgo, pero aquí da paso a incómodos chistes sobre una posible relación futura entre Jason y la hija de Bella. Si esto viniera de un escritor ateo, sería escarmentado, pero Meyer es disculpada porque promueve el celibato juvenil.

Una vampiresa que casualmente pasa por ahí ve a la niña es incapaz de identificar su verdadera naturaleza. Renesmee —nombrada, aparentemente, por el Ministerio de Nombres Ridículos— fue concebida y nació cuando Bella era humana. Al final de la película anterior, Edward convirtió a Bella en vampiresa para salvarla de morir en el parto. Sin embargo es etiquetada como una “niña inmortal”, estatus de los infantes convertidos en vampiro, prohibidos por una vieja ley que castiga con la extinción a sus creadores.

Aparentemente, esta es la excusa que los Volturi esperaban para acabar con el clan de los Cullen. A nadie se le ocurre hablar con ellos y resolver el equívoco, porque eso sería demasiado fácil. Para proteger a la niña, los Cullen reúnen a una especie de cascos azules del mundo vampírico. Llegan de diferentes partes del mundo, con sus disfraces típicos y referencias anacrónicas. Son como misses en competencia de belleza, y posan como tales. El duelo final empieza como pasarela, con los Volturi en decadentes túnicas de Versace y los Cullen en puro Abercrombie and Fitch colección invierno. La batalla es dramática, pero el giro final es exasperante y tramposo. Meyer y sus colaboradores no tienen agallas.

La serie se ha visto embalsamada en su pretendida seriedad. Por lo menos, a destellos, esta última película no se toma tan en serio. La ineptitud usual de Lautner se ve aliviada parcialmente al adjudicarle la función de dispensar de ironía ante los solemnes vampiros. Cada momento que rompe la burbuja de pretensión es bienvenido. El chillido que Michael Sheen despide al mirar a Renesmee por primera vez casi justifica la existencia del filme.

Al igual que sus antecesoras, Amanecer, Parte 2 está comprometida con servir a las expectativas de los fans. Tome nota de la escena absolutamente innecesaria en la cual Lautner se desviste para convertirse en lobo ante el padre de Bella. La única función es mostrar el físico del actor, porque ya es una convención exhibirlo como pedazo de carne. El momentum del final se anula con un innecesario epílogo que revive los “mejores momentos de Bella y Edward”. Y la secuencia final de créditos incluye a todos los personajes de las anteriores. Lo bueno de la última película de Crepúsculo es que ya no habrán más películas de Crepúsculo .

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