En ocasión del 45 aniversario de la Upoli durante un reciente homenaje ofrecido por esta Alma Máter al doctor Oscar Castillo, decano de la Facultad de Derecho, la conocida constitucionalista Ada Esperanza Silva relató una anécdota de sus hermanas cuando iniciaron sus estudios en esa universidad hace más de tres décadas de un niño de unos doce años que se dedicaba a cuidar y limpiar carros en el viejo estacionamiento de los antiguos edificios de ese centro.
Ese niño es ahora nuestro homenajeado, dijo la doctora Silva, refiriéndose al doctor Castillo, quien posteriormente al agradecer el reconocimiento expresó con mucha emoción: “Yo comencé limpiando carros en esta universidad y lo digo con mucho orgullo”.
33 años después, el doctor Castillo ocupa la Decanatura de una de las Facultades de Derecho más prestigiosas no solo a nivel nacional sino regional y no tiene ningún limite en relatar de cómo de limpiador de carros mientras estudiaba su primaria, pasó a auxiliar de biblioteca de ese centro, y estando allí ingresó con muchos sacrificios a estudiar derecho en la UCA donde se graduó con honores y una vez con su título se le encomendó la fundación de la actual Escuela de Derecho de la Upoli hace 19 años.
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La Academia es un reto para los que salen de sus claustros para proyectar sus conocimientos y tratar de hacer el cambio no solo desde adentro, sino desde afuera y en este sentido, docentes como Oscar Castillo, Cairo Manuel López, Gabriel Álvarez y otros expertos en Derecho Constitucional constantemente aportan con sus análisis, críticas, y comentarios en los medios escritos, radiales o televisados para tratar de incidir en el cambio que tanto necesita Nicaragua.
No se puede hacer cátedra solo desde adentro. Sería como volver a la edad media cuando los frailes eran los únicos intermediarios de la palabra, hasta que la invención de la imprenta revolucionó la comunicación y transformó el conocimiento. Los docentes y los académicos de hoy tienen y deben ser beligerantes y no solo predicar con la palabra en las aulas, sino hacia un universo heterogéneo de discípulos que a diario demandan en la calle la orientación de quienes deben ser parte activa de las transformaciones que demanda el país.
En las décadas de los cuarenta a los ochenta las universidades en Nicaragua fueron verdaderos centros de incubación de ideas y acciones que trajeron como consecuencia la formación de líderes y dirigentes que pusieron las bases de una verdadera democracia que tras una corta, mediana o larga pausa, según el compromiso e iniciativa de las nuevas generaciones, deberá rescatarse para que volvamos a ser una verdadera república.
Ejemplos como el de Oscar Castillo, de limpiador de carros a decano, jurista, académico, escritor, catedrático, investigador, pero sobre todo hombre humilde y ético, son los que prestigian la profesión de abogados y deben servir de ejemplo a la nueva generación que no debe permitir que se trastoquen y se traicionen los ideales por los cuales dieron su vidas miles de nicaragüenses en la lucha contra las dictaduras.
Hacer lo contrario como dormirse y sumergirse en el plano vergonzoso del acomodamiento y complacencia sería para los académicos faltar al compromiso moral y patriótico de defender los principios de un verdadero Estado de derecho.
Para lograr esas metas, y como bien dijo Castillo al agradecer el homenaje, se necesitan tres cosas: “Dios y la familia, Dios y los amigos, Dios y las oportunidades ”. Y estas últimas hay que ocuparlas, antes que otros se apropien de ellas. El autor es escritor y docente universitario. Miembro del Grupo ProJusticia.
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