Luis Eduardo Martínez M.
Ricardo culminó con éxito el primer año de secundaria en un instituto al norte de la ciudad de Matagalpa, mientras que en un centro de apoyo a la niñez era apadrinado y recibía clases de sastrería y pintura.
Asegura que se fue a vivir con su padre porque su mamá lo maltrataba y que un día un vecino le ofreció pegamento para inhalar. Cinco años han pasado desde esa “invitación”.
Ricardo deambula con otros niños y adolescentes inhalantes, con quienes permanece más en los alrededores del mercado de Guanuca.
Para obtener pega hacen mandados y cargan bolsos de los compradores, aunque a veces hurtan las verduras que en el momento estén más caras para venderlas.
“Yo le pido al Señor que me dé fuerzas para salir (de la adicción) con mis padres ya no cuento. Mi mamá me dice que mejor ni le diga mamá y tampoco con mi papá porque aunque él siempre me dice que me dará otra oportunidad, yo le he fallado”, dice Ricardo.
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