José Denis Cruz
El salón servirá para que los niños reciban catecismo.
“Hemos solicitado ayuda a la Asamblea Nacional, y no han apoyado, pero como no te dan todo lo que pedís tenemos que buscar recursos, como por ejemplo rifas, paseos…”, indicó el padre Antonio Castro, quien lleva 41 años al frente de la parroquia.
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Ellos ya querían ver al hombre que hace desaparecer los objetos y que convierte monedas en caramelos.
Se lo imaginaban con una varita mágica y con el gorro que se pierde en el cielo. Pero solo bastó que las últimas bancas se llenaran, para que un hombre vestido de negro y gafas oscuras apareciera en la tarima que está a un costado de la iglesia La Merced, en el barrio Larreynaga.
Ahí estaban ya los niños riéndose a carcajadas e hipnotizados con los trucos de este mago bonachón. Amanda Tapia, una niña de ojos grandes y cabello dorado, miraba cómo el hombre hacía desaparecer cartas y cortaba globos sin que explotaran. ¿Cómo lo hace? Parecía preguntarse.
Humberto Saballo, un niño de 11 años y sonrisa forzada que vive en el barrio Venezuela, convenció a su madre que lo trajera a ver al mago Zaki Magoa.
Ella accedió. Solo tenía que pagar veinte córdobas. Una cantidad simbólica que ayudará a finalizar la construcción de un salón de usos múltiples en la parroquia. Daysi Rocha, la coordinadora del comité organizador, apunta que este tipo de trabajo ha ayudado a la Iglesia a mejorar su infraestructura.
“Qué mejor manera de recaudar fondos trayendo sonrisas y magias a los niños”, dijo Rocha.
El mago Zaki Magoa probablemente partirá mañana a otro lugar. Llevará sonrisa, magia y con su espectáculo ayudará a que alguna parroquia mejore su infraestructura. El sábado el turno fue de la iglesia La Merced.
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