Lucía Navas
Como un hecho “histórico” destaca el último informe sobre el panorama económico para América Latina del Banco Mundial, “la situación del mercado laboral detrás de la transformación de América Latina”, porque encuentra entre los principales avances una reducción de la tasa general de desempleo en toda la región. Promedia un 6.5 por ciento el desempleo en América Latina, descendiendo a mínimos históricos, reveló el informe publicado el mes pasado.
Aunque Augusto de la Torre, economista en jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, acepta que los problemas de pobreza en la región son grandes, se avanza en disminuirlos. Reconoce sí que hay que “perfeccionarlos” para que los resultados sean más rápidos.
¿Cuál es el escenario que el Banco Mundial tiene para América Latina actualmente?
El entorno internacional se ha vuelto definitivo en cuanto al futuro para la región, la mayor parte de los riesgos proviene de afuera y son sobre los cuales no tiene control. Entonces a la región le corresponde una tarea más complicada que es cómo prepararse ante potenciales eventualidades que no pueden ser completamente anticipadas con certeza. En este reporte decimos dos cosas: la primera es que hay la necesidad de entender mejor la naturaleza de esta volatilidad internacional, sus distintas manifestaciones ya sea porque las economías externas entran en problemas, ya sea porque los mercados de capitales con los que estás integrado te muestran trayectorias inesperadas, ya sea porque hay variaciones de los precios de tus productos de exportación e importación. Es necesario entender qué cosas puede hacer la región para tener mayor capacidad de absorción de estos choques.
Hablan de crecimiento en empleo y salarios pero el escenario de Nicaragua son altos niveles de pobreza, de desigualdad y la informalidad…
Estos son problemas de largo alcance que no se pueden resolver de la noche a la mañana. La región viene haciendo progresos bastantes visibles en estos ámbitos, no todos los países han progresado por igual, pero es evidente que venimos de una década de mucho progreso social. Si uno compara el progreso social en la última década con el que se pudo alcanzar en los años noventa no hay punto de comparación. En los noventa la pobreza se mantuvo bastante estable y no cedió. A partir del 2012 la pobreza cedió fuertemente. No es que no hayamos hecho, simplemente es que el progreso de aquí en adelante que se pueda seguir haciendo va a ser más difícil porque en los últimos diez años la región aprovechó de un ambiente internacional favorable, mejoró su política social, su política económica y la combinación de una coyuntura de reformas internas y de vientos favorables del ambiente internacional facilitó este progreso.
Pero esas mejoras sociales no han llegado equitativamente.
Es verdad que la cosa dista de ser perfecta y todavía tenemos fuertes problemas de pobreza en algunas regiones y grupos étnicos de nuestros países, todavía tenemos un problema fuerte de desigualdad, eso es cierto. Pero tampoco se puede negar que ha habido progreso que no habíamos experimentado en los últimos cincuenta años.
¿Cuál es ese progreso?
77 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza moderada entre 2003 y el 2010. No en todos los países la reducción de la pobreza fue igual y de proporcional magnitud, en algunos países fue más profunda, pero la región latinoamericana además es la única en el mundo donde se está reduciendo la desigualdad del ingreso, en el resto del mundo está aumentando como en China, en el Este de Europa, en los países Sur-Este asiático. De acuerdo con los datos en tres países la desigualdad del ingreso cayó de manera visible: Perú, México y Ecuador, aunque también aumentó en otros como es el caso de Costa Rica, Uruguay y Honduras. Pero quiero enfatizar que los problemas no están resueltos, hay que evitar el triunfalismo.
¿Qué pasa con el empleo?
En la región latinoamericana hemos logrado, la mayor parte, un crecimiento de la economía tal que ha podido absorber a una fuerza laboral creciente y es en parte porque las mujeres se han ido incorporando. En los últimos diez años la economía fue capaz de absorber esta fuerza laboral y generar suficientes empleos de tal forma que el desempleo ha ido cayendo de manera bastante pronunciada. Desde el 2003 al presente cayó del 11 por ciento al seis por ciento y al mismo tiempo se ha ido reduciendo la informalidad. Aún encontramos que los mercados laborales necesitan reformas para poder acomodar trabajos para distintos miembros de la sociedad de manera flexible. Por ejemplo hay un problema de desempleo juvenil, en Centroamérica es muy fuerte. Lo que uno encuentra que el empleo juvenil es distinto porque los jóvenes quieren un trabajo parcial para poder estudiar y en muchos de nuestros países las leyes laborales son muy difíciles de administrar trabajos a tiempo parcial, ese es el reto de reformas para generar una especie de contratos laborales que les permitan más flexibilidad a la mujer y a los jóvenes.
Datos oficiales de Nicaragua indican una reducción de la tasa de pobreza, pero se cuestiona qué tan sana y sostenible son las políticas asistencialistas que existen…
Todo depende del diseño. Los programas que están asociados a condiciones tienden a ser más durables porque tienden a facilitar la creación de capital humano y activos básicos en los hogares con pobreza que luego les permiten permanecer fuera de la pobreza de manera más duradera. Las condiciones más típicas de los programas de transferencias condicionadas son, por ejemplo, el Estado le da un bono (económico) a una familia pobre a condición de que la madre se asegure de que los hijos están en la escuela o a que los hijos vayan a chequeos médicos regulares o que los programas escolares incluyan desayunos para los niños. Los estudios que se han hecho sugieren dos cosas favorables de estos programas: con estas condicionalidades los niños crecen más sanos, y por tanto las posibilidades que en el futuro puedan evitar la pobreza son mayores. Segundo es que estos programas educativos y sociales vayan mejorando porque los padres de familia empiezan a pedir que si tengo que llevar a mis niños al chequeo médico el sitio preste los servicios de calidad.
¿Ese modelo es más beneficioso que el asistencialismo, por ejemplo de solo darle animales de crianza?
Claro. Estas condicionalidades asociadas con enfocar claramente a las familias a quienes se les dan los programas han ayudado a tecnificar la calidad, porque siempre hay los riesgos de que estos programas sociales sean utilizados con motivos clientelares o políticos. Varios países han logrado evitar ese riesgo con dos instrumentos: la condicionalidad y el mapeo, de manera que se pueden identificar de manera objetiva los hogares que califican para estos programas y con sistemas de distribución más modernos el riesgo de que el dinero se filtre y vaya a dar en manos de familias que no califican se reduce, obviamente no se eliminan.
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