Hay un proverbio chino que dice: “Siéntate en lo alto de la montaña y observa cómo luchan los tigres entre sí”. Me pareció que este proverbio interpreta muy bien nuestra realidad política, al ver cómo el orteguismo, desde lo alto, se aprovecha de nuestras contradicciones y diferencias y espera pacientemente el debilitamiento del liderazgo de cada una de las fuerzas democráticas.
Luego, una vez destruidos o debilitados, estos tigres corren el riesgo de perder sus garras y aparecer como mansos gatos caseros que medran las migajas que el adversario poderoso quiera darles. Es necesario actuar con inteligencia política y visión de estadistas, para no repetir experiencias pasadas.
Así nos encontramos hoy y más vulnerable nos podremos encontrar mañana, mientras sigamos pensando que, en las actuales circunstancias, un partido por sí solo puede vencer a quien detenta la presidencia y obtener mayoría suficiente para alcanzar el poder, sin necesidad de las otras fuerzas políticas, gremiales y civiles.
Es imperativo que como oposición busquemos un entendimiento que nos lleve a concretar acuerdos sobre temas fundamentales, respetar esos compromisos y presentárselos al pueblo como una alternativa que los motive, si es el caso, a defenderlos en protestas cívicas de masiva presencia.
Lamentablemente, no hemos superado el mal que nos afecta a los nicaragüenses de querer ser general de cinco estrellas y que todo se haga en torno a nuestra persona, pero cada dirigente cuenta con quienes lo apoyan y con quienes lo adversan, por tanto un entendimiento de la oposición difícilmente prosperaría bajo el criterio de un líder predeterminado, se hace necesario despersonalizar la búsqueda de unidad y trabajar en torno a un programa, al que todos haríamos aportaciones y asumiríamos sus conclusiones, sabiendo que tendríamos que elegir posteriormente, y a través del método mayoritariamente escogido, a una persona para liderar el proyecto.
Esta unidad no se construye de la noche a la mañana, teníamos que haberla comenzado a trabajar ayer, para no estar en las próximas elecciones denunciando nuevamente un fraude y lamentando una debacle como la del pasado 4 de noviembre.
Es importante minimizar los problemas internos de los partidos políticos, para luego acercarnos, sentarnos todas las fuerzas serias y verdaderamente opositoras a conocer y discutir las distintas posiciones en busca de conciliar las diferencias, olvidarnos de rencores, de sentimientos enconados y descalificaciones que imposibilitan el buen juicio para las sabias decisiones.
De no actuar con tiempo, estaríamos sumiendo más a nuestro pueblo en la indiferencia, en la apatía, en la desesperanza y en el rechazo total a nuestra gestión, le estaríamos cerrando las puertas a la democracia y abriéndolas para la consolidación de la dictadura.
Me pregunto, ¿tanta es nuestra ceguera de no reconocer que los políticos perdemos cada día más la credibilidad de nuestro pueblo? ¿Cómo vamos entonces a crear conciencia ciudadana, para que los nicaragüenses conozcan bien los problemas que tiene el país y despertar en ellos el deseo de participar en la solución, si nosotros mismos somos un problema por no prestar atención a una población que exige ser escuchada ?
Es necesario enviar mensajes claros no solo con propuestas, sino con soluciones, para que el ciudadano común deje de percibir a los partidos políticos como una asociación de intereses que buscan el beneficio particular de sus miembros y nos acepten como sus verdaderos representantes.
Es necesario leer en los acontecimientos, para acertar en acciones futuras.
Fijémonos en un solo ejemplo ¿qué ha pasado con las marchas cuando son convocadas por solo un sector de la oposición?, no han servido más que para divertir a quien se encuentra en lo alto viendo como luchan los tigres entre sí, pero ¿qué ha pasado cuando todos los demócratas se convocan respetando la identidad de cada quien y enarbolando sus propias banderas?, hemos visto mayor fortaleza con un crecimiento amenazante y un entusiasmo contagioso.
Si con este simple ejemplo, además de otros que podríamos señalar, no vemos la necesidad de la unidad en torno a un programa, entonces preparémonos porque el pueblo nos hará responsables de su triste futuro, por no estar haciendo en el presente lo que nos corresponde.
El autor es diputado liberal
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