Erwin Kruger
El sucre, sistema unitario de compensación regional, que el gobierno de Nicaragua está impulsando, ha sido llamado irónicamente por la excelente caricatura del Diario LA PRENSA como “El Cambiolín”.
Como su nombre lo indica, el sucre no es una moneda, mucho menos una moneda de reserva. Las monedas de reservas son las que utilizan los países para mantener sus reservas internacionales. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo listan como monedas de reserva: al dólar, el euro, la libra esterlina, el yen y el franco suizo.
Tampoco el sucre es una moneda. Nadie la acepta como medio de pago, nadie la demanda, nadie la oferta, no se realizan transacciones con él, ni sirve como unidad de valor ni como instrumento para almacenar riqueza, que son las condiciones para que algo se convierta en moneda. El córdoba por ejemplo sí es una moneda, las personas lo demandan y sirve como medio de pago y llena la definición de moneda.
El sucre lo que en verdad es, a como su nombre lo sugiere, una unidad de cuenta. Esto no es nada perverso ni malo; el peso centroamericano era una unidad de cuenta y el ecu se utilizó también de esta manera entre los miembros de los países de la comunidad europea.
No obstante, para algunos podrá quizás ser una “moneda teórica”. Al respecto el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, en su libro The Return of Depression Economics ( El Retorno a la Economía de Depresión ) se refiere a unos “cupones de niñeras” que se utilizaron en una cooperativa de niñeras de Capitol Hill como una moneda teórica. Este servicio de niñeras que utilizó la moneda teórica terminó en bancarrota, siendo la utilización de esta “moneda” el causante de la misma.
Incidentalmente es importante destacar que no se menciona aquí que esta unidad de cuenta es equivalente a una moneda virtual, a como señaló el presidente de la autoridad monetaria, ya que el término moneda virtual me es extraño y no lo encuentro ni en Wikipedia.
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Con respecto a Nicaragua, actualmente los empresarios que exportan a Venezuela reciben actualmente su pago en dólares, es decir en una moneda fuerte, que es una de las monedas de reserva, y en realidad la moneda de reserva que más se utiliza internacionalmente; el 65 por ciento de las reservas internacionales que manejan los países a nivel global utilizan el dólar como moneda de reserva. El medio de pago en estas transacciones con Venezuela es entonces hoy en día fuerte y los empresarios se sienten motivados a exportar a ese país.
Sin embargo en la propuesta del Gobierno, los exportadores recibirán su pago en córdobas, que si bien es una moneda, no es una moneda de reserva. Esto debilitará a los exportadores, las exportaciones, y la calidad del comercio con los países del Alba. El córdoba no tiene el mismo nivel de aceptación que el dólar y al entregar ahora el pago en córdobas el exportador recibirá un medio de pagos más débil que el que recibía anteriormente. Al verse obligados a aceptar el pago de sus exportaciones en córdobas, por dar un ejemplo, los exportadores, que de hecho compran muchos insumos en dólares, tendrían ahora que incurrir, entre otros, en gastos cambiarios y administrativos para comprar esos dólares, reduciendo sus márgenes brutos de venta, y reduciendo así la competitividad de sus exportaciones.
Obviamente esta propuesta tiene un sesgo antiexportador y tenderá no solo a debilitar las exportaciones, sino también traerá consecuencias adversas en la producción, el empleo y el salario. Por esta razón debería rechazarse.
Lo que contiene además la propuesta es que el pago, además de hacerse en córdobas, se haga de acuerdo al tipo de cambio entre la “moneda imaginaria”, es decir la unidad de cuenta: el sucre, y el córdoba, veamos qué pasa. El tipo de cambio es clave para una economía pequeña y abierta como la de Nicaragua y debe reflejar las condiciones de mercado, como se hace actualmente. Sin embargo, como el cambio entre el sucre y las monedas de los países del Alba lo van a determinar sus bancos centrales, esta determinación es arbitraria y puede cambiar en cualquier momento sin que necesariamente obedezca a fluctuaciones de mercado. Este mecanismo entonces además de arbitrario no tiene ningún fundamento cambiario, monetario, ni económico. Asimismo, si las exportaciones vinieran a fijarse de acuerdo al cambio entre el sucre y el córdoba, el comercio vendría a ser regulado y no se desenvolvería conforme a las condiciones del mercado internacional.
En el caso que la autoridad monetaria lo aplicara estaría actuando de manera arbitraria y en contra de su principal misión: “Preservar la estabilidad de la moneda nacional y el normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos”. Es importante recordar que los tipos de cambios múltiples y otros ejercicios implementados en Nicaragua durante los años ochenta hicieron que la economía de Nicaragua colapsara.
Como se aprecia de lo anteriormente escrito, la propuesta del Gobierno pretende sustraerle al exportador su pago en dólares y sustituirlo por una moneda que vale menos. En Nicaragua en lenguaje vernáculo a este tipo de intercambio lo llamamos el cambiolín.
De la información que se ha dado a conocer, supuestamente el sucre es simplemente una unidad de cuenta. Si este fuera el caso, el Gobierno lo puede aplicar en sus operaciones contables y similares con los países del Alba, pero no necesita ni debiera involucrar, y menos afectar, a los agentes económicos, quienes operan de acuerdo con las condiciones del mercado mundial. El autor fue presidente del Cosep.
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