Pbro. Osvaldo Antonio Tijerino Guerrero
Sin temor a equivocarnos, todos los nicaragüenses cristianos católicos debemos sentirnos orgullosos por haber nacido en esta bella tierra, nuestra hermosa Nicaragua, que resistiendo con valentía y coraje todos los embates de la naturaleza, aparte de guerras fratricidas, y tantos desastres políticos, continúa caminando hacia el futuro con la esperanza puesta en Cristo Jesús, nuestro Señor, y la mirada en aquella Purísima Madre que desde los albores de la evangelización vino a ser para todos sus hijos en este nuevo continente bálsamo que alivió tantas heridas causadas por el traumático encuentro de dos mundos.
Fue con la llegada de los primeros evangelizadores franciscanos que comenzamos a conocer al Dios verdadero y a venerar a María Santísima en su hermoso privilegio de la Purísima Concepción, privilegio concedido a María Santísima por ser Madre del Dios Verdadero.
El significado de esta doctrina mariana se refiere a la concepción purísima de la Virgen María en el vientre de su madre Santa Ana. Según esta doctrina, al ser elegida la Virgen María desde el comienzo de los tiempos para ser la nueva Eva, madre del nuevo linaje redimido, Dios la preparó con todo esmero en el orden sobrenatural, preservándola inmune de la culpa original y llenándola de gracia y de virtudes. Todo esto aparte de ser razonable y posible para el Creador de “todo lo visible y lo invisible”, lo podemos ver sustentado en las siguientes citas bíblicas: Gen. 3.15, Lc. 1.28 y Apc. 12.13-14, entre otras.
Esta idea fue calando profundamente en el pueblo cristiano y de manera muy especial en nuestra querida Nicaragua, que ya desde comienzo del siglo XVIII, en la ciudad de León y para ser más específicos en la iglesia de San Francisco, comenzó el pueblo cristiano católico motivado por los propios padres franciscanos a realizar cada 7 de diciembre los ya hoy famosos recorridos callejeros, que con el pasar de los años y al grito del ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! se fue convirtiendo en nuestra Gritería durante la noche más linda y luminosa de Nicaragua bajo el estrellado cielo de diciembre.
Fiesta religiosa ¡Claro que sí! pero también expresión cultural de nuestra nicaraguanidad. Expresión amorosa de nuestro pueblo mayoritariamente católico.
Por todo lo antes expuesto podemos llegar a la siguiente conclusión: la Gritería es una celebración religiosa popular nicaragüense, símbolo y afirmación de nuestra más pura nacionalidad; es también una fiesta enriquecida por la cultura popular, nuestros antiguos cantos a la Purísima, su música tan tierna y enamorada, con su poesía popular ingenua y de rimas admirablemente musicales; sin olvidar los arreglos de artísticos altares, trabajos manuales que se traducen en bellas canastitas de palma, indios, juguetes de madera, los muy elaborados pitos de bambú y de barro de bellas formas y trabajados por nuestros artesanos campesinos y un sinfín de manjares y golosinas que hacen las delicias de niños, jóvenes y adultos.
Quiera Dios que pronto veamos proclamada por la Unesco esta maravillosa y arraigada celebración de la Gritería como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Termino poniendo en las manos de la Purísima Virgen María mis humildes reflexiones para gloria de Jesucristo nuestro Dios y Salvador. El autor es párroco de San José de Tipitapa.
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