Jairo de Jesús Mejía Rodríguez
Se acercan las elecciones municipales, los candidatos están optimistas de alcanzar la victoria, pero la mayoría de ellos no están preparados para la derrota, por eso en comicios electorales pasados hubo brotes de violencia. Vienen a mi memoria aquellos conflictos, piedras que caen del cielo como un volcán en erupción, pero qué va, son hermanos nicaragüenses tirándose piedras entre ellos. Sonidos de morteros, llantas quemándose, como fuegos artificiales y pirotécnicos de la Purísima y Navidad en Nicaragua, pero no, es el fuego de corazones violentos en autodestrucción de la nación. Estos hechos hay que evitarlos, no son comportamientos de una sociedad civilizada, democrática que ama a Dios.
Previo a las elecciones del 4 de noviembre, el martes 30 de octubre a las 11:00 a.m. se celebrará en el Santuario de Cuapa una misa, celebrando el doce aniversario de la muerte de Bernardo Martínez, vidente de la Virgen María en Cuapa. Su aniversario me hacen recordar y meditar los mensajes de la Virgen: “Ámense, perdónense, construyan la paz, recen el santo rosario, conviértanse y no vayan a la violencia”, su práctica sigue siendo de gran vigencia para Nicaragua y como caminos para alcanzar la paz y construir una sociedad sin violencia.
El mensaje de la Virgen de no ir a la violencia es una advertencia para evitar el derramamiento de sangre entre hermanos. Las batallas campales son causadas por motivaciones artificiales originadas en la mente de algún político, la expresa a sus adeptos y estos se van a la calle, a defender una causa que no es la causa por el bien de la nación, la de un político que quiere mantenerse en el poder o desbarrancar al que está en el poder. Perdónenme si estoy miope, sigo buscando con una lupa un líder que realmente represente sin ningún interés personal a los nicaragüenses. Puede ser que existan, pero no se ven en el escenario político, y si están les pasa lo de Messi y Ronaldo, en uno de esos juegos de futbol, donde su presencia no se nota, a pesar de ser los mejores. Si usted es político y piensa que lo está haciendo bien, esfuércese un poco más, nuestro pueblo como siempre sigue teniendo hambre y sed de paz.
Los candidatos para alcaldes, que no ganen las elecciones, en vez de ir a pelear a las calles para justificar su mediocridad, deberían ocupar el tiempo para analizar las causas de su derrota, aprender de los errores y planificar nuevas estrategias. Una estrategia muy buena es amar al prójimo como a uno mismo, saludar y servir al pueblo en todo tiempo, no solo en épocas electorales. Los políticos deben de ser constructores de paz.
Los periodistas que cubran las elecciones ocuparán un papel fundamental en la prevención de la violencia entre las diferentes bandas partidarias. Deben preocuparse no solo por las primicias y la estructura de su noticia, si no ¿qué efectos puede producir esta noticia?, ¿quién se hace responsable de los resultados negativos que produce una noticia que promueve la violencia? Estas elecciones necesitan de un periodismo constructor de la paz, que evite la violencia y proponga soluciones. Políticos, periodistas, pueblo, escuchemos a la Virgen: “No vayan a la violencia”.
Oremos para que gane el que más ama al pueblo.
El autor es presbítero, párroco de Cuapa.