Jorge Gavarrete Maglione

Nicaragua no es Venezuela

Chávez en Venezuela, además de haber reformado la Constitución para poder reelegirse en forma vitalicia, se mantiene en el poder gracias a programas políticos de fachada “social”, el fascismo populista del siglo XXI. De ese modo, acumula una fortuna personal calculada en más de 14 mil millones y su pueblo, un poco menos pobre, consume productos importados por el mismo Chávez y se expone a devaluaciones, inseguridad ciudadana, una inercia productiva que lo llevará al déficit fiscal, alta inflación y deuda pública, a la política monetaria de emisión, nacionalización bancaria, a una pobreza que terminará creciendo nuevamente.

Ese proceso de deterioro ya lo conocemos de la Nicaragua sandinista en los ochenta, o en Latinoamérica desde Perón en Argentina. Por el amortiguador del precio del petróleo su impago de deuda es más lento, pero el precio del petróleo no subirá tanto como para detener el proceso de déficit, que se duplicará a 8 por ciento del PIB en 2012, y si se incluyen los fondos paralelos y la deuda con China el problema será cada vez más serio para los venezolanos.

El pueblo venezolano está dividido producto del fascismo populista cuyo resultado es siempre dividir la sociedad. Ese pueblo sabe que es irresponsable dejar el país en manos de la devaluación y al enriquecimiento desmedido de un caudillo fascista. En estas elecciones quedó claro que el pueblo de Venezuela no quiere darle todo el poder a Chávez. La unión de la oposición venezolana en un solo frente con un joven Capriles también es un mensaje claro de lo que debe hacer la oposición en Nicaragua.

Los pueblos ciertamente se cansaron de vivir en la pobreza, de gobiernos liberales con una enorme ineficiencia y corrupción, especialmente en Nicaragua el doctor Alemán. Los esquemas sostenidos por la banca de desarrollo y la cooperación tanto de Estados Unidos como Europa, por no enfocarse, no avanzaron en reducir la pobreza. La clase empresarial no se educó en sostenibilidad social o ambiental. Heredando solo una visión económica, no aportaron al mejoramiento social de sus pueblos ni a reducir su impacto ambiental. Y es en los pueblos en desigualdad y miseria que florece el populismo fascista.

Ortega importa el modelo chavista, acumulando su capital mediante el control del Estado y el uso discrecional de fondos paralelos venezolanos. Pero sus pactos para llegar al poder y su escala de impacto social y político en el pueblo de Nicaragua, mucho menos visible, hacen que su Consejo Electoral deba custodiarlo con fraudes. Las cifras no coinciden por ningún lado, desde los resultados electorales, los datos de producción de café, hasta los pobres que pasan a ser clase media por vivir en un cuarto de tejas de zinc.

Nicaragua no es Venezuela, no tiene petróleo. Necesitamos democracia, transparencia electoral, control fiscal, balance en los poderes electoral, judicial, legislativo. Necesitamos enfocar la cooperación al financiamiento de vivienda social y desarrollo de los sistemas de salud y educación. Nuestro ingreso por habitante es casi el menor de Latinoamérica. Necesitamos trabajar en la economía impulsando empresas que manufacturen productos con valor, no solo café y ganado. Necesitamos generar cientos de miles de empleos, atrayendo inversiones de empresas en alianzas de cooperación e inversión con China, India, Europa y Estados Unidos. Necesitamos educar a nuestros hombres y mujeres en desarrollar una cultura de aprecio al trabajo. Los nicaragüenses somos buenos empresarios, profesionales y trabajadores, ese era nuestro petróleo, el que perdimos con el orteguismo. El autor es ingeniero

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