Estrena los pequeños cuentos

Lésther Alfaro empezó a publicar sus primeros cuentos a los 22 años. En el 2002 los poemarios Albor, en el 2005 Disputa entre Tanatos y Cupido, en el 2010 Bajo la luz del crepúsculo de tristes cristales. El próximo viernes 19 de octubre presentará su libro de cuentos Veinte pequeños cuentos en prosa y narrativa, en la pinacoteca del Banco Central, en Managua, a las 5:00 p.m.

Lésther Alfaro empezó a publicar  sus primeros cuentos a los 22 años.  En el 2002 los poemarios Albor, en el 2005 Disputa entre Tanatos y Cupido, en el 2010 Bajo la luz del crepúsculo de tristes cristales. El próximo viernes 19 de octubre presentará su libro de cuentos Veinte pequeños cuentos en prosa y narrativa, en la pinacoteca del Banco Central, en Managua, a las 5:00 p.m.

NIDIA

Lésther Alfaro ¿Cómo le pondremos a la niña?, preguntaba Lorenza, espera un momento amor le respondía Ricardo. Una noche ella se puso mal, así que la llevaron al hospital inmediatamente, cuando llegó Nidia se complicó y murió, entonces Ricardo se entristeció tanto que siempre que rayaba el crepúsculo se ponía a llorar y todavía no tenían el nombre de la niña. Y decidieron llamarla Rocío.

Rocío creció en el campo al norte de Jinotega en las cercanías de la frontera de Honduras. Rocío se enamoró de Luis Alfonso y fueron a vivir a Managua, estando ahí decidieron alquilar una casa, la familia de Luis Alfonso les ayudaba en la parte económica.

Todo iba bien para la pareja, hasta que un día Rocío quedó embarazada, la llevaron al hospital más cercano y se complicó del parto, el abuelo mientras aguardaba en la sala de espera, decía: ¿Cómo le vamos a poner a la niña? El doctor lo escuchó saliendo de sala de emergencia y le expresó: Nidia… Así dijo su madre antes de expirar.

EL VIAJERO

Era una advenedizo, como dirían… Otros forastero en aquel pueblo de Santa Rosa, y recordé aquel libro escrito por Rubén Darío, España Contemporánea , en los tiempos que estuvo de viajante, sus relatos y descripciones, cómo hizo una pequeña critica a algunas obras poéticas, pintura y teatro, así me sentí, un crítico, con la diferencia de no tener, ni pluma y sin medio de tener un papel.

Las pinturas neoclásicas y un extraordinario barroco que resaltaba su historia arquitectónica, y las historias de los poetas y todo un mundo artístico del pueblo de Santa Rosa, pero que lástima, la oportunidad se me iba de las manos. Y después de un larga caminata y esperando en una banca desolada, unos minutos más tarde tomé un autobús.

LA GEMELA DE SOFÍA

Estaba sentado en el autobús, observando el paisaje norteño. Repentinamente me vino al pensamiento mi exnovia Sofía, cuando yo apenas tenía diecisiete años. Recuerdo que llegué a su pueblo, Jinotega, baje de un autobús y fui a buscarla. Después de una larga caminata por el pueblo sentía que el cansancio atormentaba mi cuerpo, pero al fin llegue a su casa, nos saludamos con énfasis, le obsequié unas flores y un poema. Pasé con ella, los días más felices, que le hubieren pasado a cualquiera que estuviera en mi lugar. 
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Regresé a la capital y cuál fue mi susto que la encuentro en mi casa, y le pregunto: ¿A qué hora viniste de Jinotega? contestándome: ¡Yo no he salido de Managua! ¿Entonces quién me recibió? comenzamos a cuestionarnos. ¿Quién me había recibido?, y llegamos a la conclusión, tuvo que haber sido su hermana… ¡Patricia!, yo enojado pedía un desquite de la mala pasada que me había jugado Patricia. Pasó un tiempo en que yo no me hablaba con Sofía fue cuando me vino la idea de darle su merecido, pero está es otra anécdota.

POR EL PARQUE DE PIEDRA ALTA

Caminábamos por el parque de Piedra Alta, nos sentamos en un bar y ella dijo: ¿quieres tomar una soda y una media luna mixta?, y expresé un sí. Le dije lo linda que era, y comencé a observar en ella cualidades que me llamaron un poco más la atención: su cabello rizado, sus ojos color miel, sus labios color rosa y su risa entregada a hacerme reír, era feliz como una princesa. Tenía el alma primorosa. Acostumbraba a usar zapatos altos, faldas cortas y camisa al estilo artista de pop, era bella y no como cualquiera. Su risa primaveral me hizo pensar que ella era así, no como cualquiera, pero después de una caminata por ese parque tan atractivo y fuera de lo común, me di cuenta de tanto meditar en el camino y de la charla que tuvimos, que no era para mí, pues ella me dijo que su corazón pertenecía a otro. Me lo expreso un poco fría y calculadora pensado en los tiernos sueños abrileños que le traería el galán de los cuentos de hadas y quién más que su rico hacendado de más de mil hectáreas. Y se fue de mi lado la muchacha cabello rizado, ojos color miel, labios de rosa y su risa entregada hacerme reír.

EL EMPERADOR, LA ROSA Y EL DRAGÓN

Allá a finales del siglo XIX, estaba muy feliz y gustoso el emperador de la China sentado y luciendo su traje de gala que llenaría de encanto y ruborizaría a la encantadora princesa de la India que llegaba de visita. Mientras tanto Choulin estaba indispuesta a seguir el rito del baile del dragón, el emperador se paseaba, y escuchó los llantos de Choulin, se fue a husmear al jardín y la miró a ella con sus ojos de perla negra, piel blanca como la luna. Él le preguntó ¿Cómo te llamas? Ella le respondió: Choulin y le hizo una reverencia a su alteza, Choulin, levántate y aguarda aquí, dime, ¿qué te pasa? me pinché el dedo índice con una espina cuando estaba cortando esta flor roja. ¡Ve qué bueno! Dijo el emperador, se cumplió la profecía de la rosa. Ahora tú tendrás que casarte conmigo. Ella era una encantadora doncella que habían preparado para servir a los monjes del templo, pero en vista de lo sucedido se tenía que realizar el matrimonio. La dama de la India no estaba satisfecha, así que sabía lo que decía la otra profecía que era: si la contrayente no se pinchaba por segunda vez después de la ceremonia, su hijo no sería protegido por el dragón. La hindú amaba al emperador, así que preparó un plan para que la espina que pinchase a la futura emperatriz tuviera un veneno de cobra. Cuando estaba concluyendo la ceremonia, Choulin quería cambiar el sentido de tal ritual, así que tomó una rosa blanca, y se pinchó, y esto trajo como consecuencia que los monjes predijeran el vaticinio del dragón, y años de paz para la futura emperatriz. Así, que al no salirse con la suya la princesa hindú se acercó con mucha delicadeza donde estaban los novios e introdujo una poción de veneno en sus copas, en el brindis tomaron los dos juntos y murieron, se investigó por todas partes, los monjes, los guardias fueron crueles en sus interrogatorios, pero fue el fin de la dinastía del emperador, la rosa y el dragón.

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