Martha Alicia pide una exhumación de los retos para confirmar si realmente se trata de su hija. LA PRENSA/R. MORA

Duda que su hija esté muerta

La madre de una joven que falleció hace tres años en Guatemala pidió la exhumación de los restos que están en el cementerio de Estelí porque nunca estuvo convencida de que se tratara de su hija.

Roberto Mora

La madre de una joven que falleció hace tres años en Guatemala pidió la exhumación de los restos que están en el cementerio de Estelí porque nunca estuvo convencida de que se tratara de su hija.

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La denuncia fue puesta ante la Policía, pero el coordinador Nacional de la ANPDH, Roberto Petray, ante quien Martha Alicia pidió apoyo, dijo que con el caso del barrio Oscar Gámez, de Estelí, suman dos personas que han sido traídas de Guatemala en una caja y con una máscara en el rostro.

Dijo que si se confirma que la enterrada en el cementerio de Estelí no es Belkis Karelia, el caso podría estar vinculado con traficantes y el crimen organizado, por lo que pidió una investigación exhaustiva.

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A sus 27 años, Belkis Karelia Gallo Zamora regresó a Malacatán, cerca de la frontera con México, desesperada por trabajar para ayudar a su pequeño hijo a quien le diagnosticaron leucemia.

Martha Alicia Zamora recuerda el fatídico 16 de noviembre de 2009 cuando la llamaron a eso de las 9:00 p.m. para decirle que su hija había muerto en un accidente de tránsito y el hombre que le avisó insistió en que debía retirar el cadáver antes de que la enterraran.

Doña Martha comentó que lo raro es que su hija ese mismo día la llamó para decirle que debía retirar cien dólares que le depositó.

La misma voz masculina que dijo haber obtenido el número de doña Martha Alicia a través del teléfono de la víctima, dijo que era parte de un grupo de buenas personas.

Dos hombres a bordo de una camioneta cerrada le llevaron el féretro advirtiéndole que debía enterrarla de inmediato porque estaba en estado de descomposición. No le entregaron ni los documentos de identidad que llevaba Belkis y tampoco un documento legal que dijera algo sobre su muerte.

A través del vidrio de la caja notó que su hija tenía una máscara en el rostro, pero aún así la enterró.

“No era el cuello de mi hija, pero en ese momento no dije nada porque algunos vecinos me recomendaron que no denunciara porque mi vida podría peligrar”, dijo Martha Alicia quien aseguró que ha recibido llamadas del número de teléfono que usaba su hija tanto en Nicaragua como en Guatemala.

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