La última esperanza de la tortuga carey

Son dos rincones, en las costas de El Salvador y Nicaragua, que podrían ser la última esperanza para la conservación de la tortuga carey, en grave peligro de extinción en el Océano Pacífico Oriental.

Por Luis Alfredo Martínez. Reportajes EFE

Son dos rincones, en las costas de El Salvador y Nicaragua, que podrían ser la última esperanza para la conservación de la tortuga carey, en grave peligro de extinción en el Océano Pacífico Oriental.

Sin embargo, esa circunstancia ha permitido a la red internacional Iniciativa Carey para el Pacífico Oriental (Icapo) concentrar esfuerzos en ambos lugares con autoridades y organizaciones ambientalistas con el fin de ayudar a la recuperación y conservación de la especie.

La tortuga carey (Lepidochelyssss imbricata) alcanza casi un metro de longitud y más de 50 kilos de peso, y es una de las cuatro especies que habita en el Pacífico salvadoreño, junto a la negra o prieta, la golfina y la baula.

La situación es tan crítica que “en una década podríamos no tener más tortugas carey en el Pacífico Oriental”, comentó el experto español David Melero, responsable de un programa binacional de conservación que Icapo desarrolla en Jiquilisco y Padre Ramos.

De hecho, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la tortuga carey como una especie en “peligro crítico de extinción”, subrayaron Melero y otros expertos en un foro internacional sobre esta especie, celebrado el 17 y 18 de julio en San Salvador.

La tortuga carey, que vive en aguas tropicales, ya ha desaparecido en algunas zonas del mundo, aunque en ciertos lugares del Caribe su población es estable, apuntó Melero.

Del Pacífico centroamericano —añadió— en Guatemala ya no hay tortuga carey, mientras que en Panamá y Costa Rica tienen “muy poca anidación, es simbólica”.

Es por ello que la bahía de Jiquilisco en El Salvador y el estero Padre Ramos en Nicaragua, ambas zonas protegidas por los respectivos gobiernos, adquieren gran importancia para la conservación de esta especie de tortuga.

“Hay que intentar levantar estas dos poblaciones (de tortugas), tanto en Nicaragua como en El Salvador, porque es probablemente la última esperanza que le queda a la carey”, que es “una de las siete poblaciones de tortugas marinas más amenazadas del mundo”, subrayó Melero.

ANIDACIÓN DE IMPORTANCIA MUNDIAL

En el Pacífico Oriental aún quedan unas 500 tortugas carey, entre 200 y 300 de ellas hembras, según la Icapo, el Ministerio de Medio Ambiente y los Recursos Naturales (MARN) y organizaciones ambientalistas de El Salvador.

Melero aseguró que “el 80 por ciento de ese volumen” está en Jiquilisco (El Salvador) y Padre Ramos (Nicaragua).

La directora de Gobernanza Ambiental y Patrimonio Natural del MARN, Manlia Romero, afirmó que El Salvador es, además, el principal sitio de anidación de la tortuga carey en el Pacífico Oriental.

Romero manifestó que, según las investigaciones, “el 50 por ciento” de las 200 a 300 hembras que anidan entre México y Perú lo hacen en la bahía salvadoreña de Jiquilisco.

“Tenemos una importancia muy grande a nivel mundial porque somos uno de los principales puntos de anidación de esta tortuga”, destacó la funcionaria salvadoreña.

Melero matizó que, como parte del programa binacional, se lleva a cabo la Copa Carey, una iniciativa en la que “se está compitiendo de manera deportiva a ver quién tiene más nidos” entre Jiquilisco y Padre Ramos, y “hasta la fecha van empatados”.

La significativa presencia de la tortuga carey en El Salvador “es muy alentadora y presenta una oportunidad para su investigación y recuperación”, dijo el científico Jeffrey Seminoff, del Programa de Tortugas Marinas de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos y miembro fundador de Icapo, citado por el MARN en un reciente comunicado.

Icapo es una red de organismos gubernamentales y privados de Estados Unidos —como la NOAA— y de otros países, que surgió en 2008 con el fin de proteger a la tortuga carey en el Pacífico Oriental.

ATRACCIÓN MISTERIOSA

David Melero comentó que “es un misterio” el porqué la tortuga carey se concentra principalmente en Jiquilisco (El Salvador) y Padre Ramos (Nicaragua), sitios relativamente cercanos a la bocana del Golfo de Fonseca, que ambos países comparten con Honduras.

“Hay algunos datos que apuntan a que la población de tortugas en estos lugares pueda estar favorecida por los remoto que son”, lo que ha ayudado a su conservación “durante estas décadas pasadas, no como en otros lugares donde se exterminó (la especie) hace mucho tiempo”, dijo.

Otra razón es “quizá la diversidad de alimentos que puedan encontrar en estos esteros, que todavía son espacios prístinos”, a pesar del deterioro ambiental y otras amenazas que les rodean, añadió.

Las investigaciones sobre la presencia de estos quelonios y la preocupación por su conservación son recientes en El Salvador, pero los expertos y las autoridades creen que aún hay tiempo de evitar su desaparición, especialmente de la carey, la especie más amenazada.

Ante la acelerada depredación por parte del hombre, El Salvador mantiene desde 2009 una veda permanente del aprovechamiento de huevos, carne y demás productos de las cuatro especies de tortugas que habitan en sus aguas.

El MARN trabaja con la Fiscalía, la Policía y otras autoridades en la aplicación de las medidas de control y las sanciones contra quienes violen la veda, según la directora de Gobernanza Ambiental y Patrimonio Natural de ese Ministerio.

Manlia Romero señaló que entre las principales amenazas para las tortugas marinas, además de los depredadores naturales, están la pesca incidental, la contaminación y el hombre, que saquea los nidos en busca de huevos, a los que se atribuyen propiedades afrodisíacas y cuya venta ha sido una tradición en El Salvador y otros países.

El hombre es la principal amenaza contra la especie por saquear  sus huevos y perseguirla para comer su carne y utilizar el caparazón para fabricar diversos objetos.

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