Años atrás coincidí en Nueva York con una Asamblea General de la ONU y tuve que soportar el encontrar por las calles de Manhattan a “líderes” políticos, con sus guardaespaldas, mientras hacían lo mismo Pasear como turistas y Todos con mis ingresos: yo con mi tarjeta de crédito y ellos ¡con mis impuestos!
La ONU solo ha servido para que una burocracia internacional viva con lujo a costa de los ciudadanos. Pero la 67ª Asamblea General la encontró sumida en una parálisis peor, al estilo de la que ocurría durante la Guerra Fría. Siria, por caso, está envuelta en una guerra civil atroz alentada por los gobiernos, mientras el Consejo de Seguridad muestra las divisiones entre los diplomáticos de Rusia y EE. UU., que luego se juntan en opíparas cenas, mientras los civiles mueren.
El gran tema es el programa nuclear de Irán, el terrorismo y el desafío del “cambio” climático. Todo para asustar a la población de modo que les dé, a los gobiernos, los fondos que quieren mientras arman conflictos entre ellos porque, definitivamente, para una guerra hacen falta dos bandos, jamás basta uno solo. Además de los ridículos, como la presidente argentina que solo sirvió para exportar a Nueva York los “cacerolazos”, el resto de los discursos han sido los aburridos esloganes de siempre. Para colmo de inactividad, concentrado en su reelección, el dueño de casa, Obama no programó ningún encuentro bilateral.
En el fondo de la problemática global subyace lo que pareciera ser el cada vez más alejado entendimiento entre Occidente y el mundo árabe. El director ejecutivo del Congreso Islámico Norteamericano calificó de “absurda” la reciente violencia en el mundo árabe: “El vídeo es ofensivo, pero se trata de una reacción grotesca y exagerada, que en parte está siendo instigada por islamistas radicalizados en su beneficio ”.
Lo cierto es que los fanatismos son instigados por el estatismo que los necesita para “justificar” que a las personas se le limiten sus libertades y se les exijan impuestos para que los burócratas y políticos puedan pasarla bien. Si, en algunos países árabes, existe cierta “estabilidad” es porque los enormes recursos petroleros permiten “comprar” a los ciudadanos otorgándoles cierto nivel de vida.
Asombrosamente, hablando de recursos petroleros, que derivaron en grandes proyectos de construcción incluido el edificio más alto del mundo en Dubai, provocaron que los miembros de la OPEP, con excepción de Libia, tuvieran crecimientos superiores a Venezuela, que tiene las reservas más grandes del mundo, y cuyo único “mérito” es que se ha convertido en el mayor comprador de armamento en América Latina, con unos US$$ 3,000 millones gastados desde 2007 en 24 cazas Sukhoi, 38 helicópteros, 100,000 fusiles kalashnikov, misiles, fragatas, submarinos, etc.
La paz es del mercado que es, precisamente, donde las personas se reúnen para solucionar sus problemas y progresar pacíficamente, trabajando, sirviendo e intercambiando voluntariamente sus productos. Los gobiernos, coactivamente, cobran impuestos aunque los ciudadanos no tengan interés en sus servicios. Así, mientras los Estados Unidos (o desunidos por la ONU) utilicen el monopolio de la violencia, solo organizarán guerras y conflictos, para que sus burócratas internacionales justifiquen sus vacaciones en Manhattan ¡Con nuestros impuestos!
El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
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