Cualquiera puede discrepar con Denis Martínez. Puede haber rasgos en su personalidad o en su estilo de trabajo, que no nos agraden. Pero en lo que todos seguro coincidimos es en que aquí nadie ha hecho tanto por situar a Nicaragua en el mapa del beisbol mundial, como el exlanzador de disparos de rompimiento, que además escribió una inspiradora historia en la que se resalta la voluntad, la perseverancia y la fortaleza del espíritu humano.
Denis es algo más que un extirador de curvas, que duró tanto como para ganar 245 juegos y que una tarde se inspiró y lanzó un Juego Perfecto. No, es mucho más que eso. Primero fue un joven que decidió hacerse cargo de sí mismo y que puso todo su empeño para zafársele a la mediocridad. Y lo consiguió. Luego se estableció. Y en ruta hacia el estrellato, perdió la brújula, pero tras reconocer sus errores, retomó el camino y escribió sus mejores capítulos.
Y aunque no somos amigos ni en Facebook, al menos a mí, lo que Denis me inspira es admiración y respeto, y un profundo agradecimiento por las emociones que nos regaló, pero sobre todo, por su ejemplo, que debería servir de inspiración a los jóvenes. Y ahora, que volverá a asumir las riendas de la Selección Nacional, espero que sea una mejor experiencia que en el pasado reciente.
Su contacto con el beisbol moderno, su extensa experiencia y la autoridad que le proporciona su historial, son detalles que no pueden pasar inadvertidos. Y aunque su presencia en la dirección del equipo no garantiza el boleto hacia el Clásico Mundial, se trata sin espacio a dudas, de la mejor opción disponible para conducir la tropa nica.
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