José Velázquez

Recalcitrante estancamiento

La experiencia política de los Estados Unidos (y del sistema democrático en general) nos enseña claramente que los presidentes más exitosos han sido aquellos que han tenido la habilidad, la visión y la motivación de consensuar una agenda bipartidista con el legislativo, especialmente cuando este es total o parcialmente dominado por el partido opositor.

Así vemos que, pese a sus ideologías y obligaciones partidarias, los presidentes más exitosos de la historia política contemporánea estadounidense han sido Ronald Reagan y Bill Clinton. Ambos, hábil y pragmáticamente reconocieron que la alternativa al estancamiento gubernamental era la parálisis y con ella la imposibilidad de enfrentar y solucionar temas de capital importancia para la nación. Los logros de ambas administraciones han sido difíciles de igualar y sus legados cada día más venerados.

Actualmente absorbidos por una reñida y trascendental campaña presidencial, tanto los medios de prensa como el propio electorado, relegan a segundo plano una contienda legislativa cuya eventual composición partidaria será cardinal en el próximo periodo presidencial. Pese a esa relegación, todas las señales parecen apuntar a que el poder legislativo continuará dividido, con el Senado controlado por los Demócratas y la Cámara por los Republicanos. Por lo tanto quien resulte vencedor en la campaña presidencial de noviembre no tendrá más alternativa que buscar a cualquier costo como desarticular la actual prolongada parálisis gubernamental y consensuar temas tan espinosos como las reformas migratoria, tributaria y educacional, el tope de la deuda, el presupuesto, etc., todos tópicos en que ambos partidos defienden posiciones abismalmente opuestas

Es evidente que durante la administración del presidente Obama, sea por intransigencia partidaria, convicción ideológica o incapacidad persuasiva de ambos lados, ese indispensable consenso no se ha materializado. ¿Será entonces que durante un segundo periodo, nuevamente ante un Congreso fraccionado, el presidente podrá encontrar puntos de coincidencia que le permitan alcanzar el obligatorio acercamiento con el partido republicano? ¿O será más bien que con un segundo y último mandato el presidente estará menos motivado a flexibilizar sus posiciones —tal como el mismo lo ha confesado— y no ceder en “fundamentalmente transformar al país” hacia un modelo ajeno al concebido por los padres fundadores?

Igualmente importante es preguntarse si de ser elegido el gobernador Romney ¿será este capaz de repetir la cooperación bipartidaria que logró en Massachusetts —un estado azul (demócrata) por excelencia— implementando una agenda que inclusive en algunos casos como es el del sistema de salud le ha ganado múltiples acusaciones de no ser lo suficientemente conservador, al punto de casi descarrilar su nominación partidaria? ¿O será que un Congreso nuevamente dividido adoptará la misma actitud obstruccionista del pasado, tercamente prolongando el estancamiento solo que en este caso aplicada contra un presidente republicano?

Responder pragmáticamente a todas estas preguntas antes de decidir por quién votar en las elecciones de noviembre implica una honesta preocupación por la confrontación actual entre ejecutivo y legislativo, y por el riesgo que representa de acelerar en forma irreversible lo que ya muchos predicen es la decadencia del liderazgo mundial mantenido en buena parte de los dos últimos siglos.

A diferencia de una monarquía o de una dictadura, los Estados Unidos no funcionan bajo una “presidencia imperial” y si bajo un sistema en el que el ejecutivo para realmente ser exitoso debe liderar impulsando medidas de trascendental importancia con el indispensable apoyo del legislativo. Y aunque es una responsabilidad compartida, por la misma naturaleza de sus funciones y atribuciones le corresponde al presidente encabezar esa búsqueda. Justificar la ausencia de ese ineludible consenso alegando obstruccionismo es demostrar carencia de liderazgo y tercamente negarse a buscarlo es condenar al país a un declive inmerecido y prematuro. El autor fue cónsul de Nicaragua en Miami

COMENTARIOS

  1. Adolfo
    Hace 14 años

    Interesantes observaciones las del Sr.Velázquez, a las que agregamos: Las reformas migratoria, tributaria etc., la administración Obama no las hizo por negligencia u otras razones,pues por tres años tuvo el dominio total de las dos cámaras legislativas y de la Casa Blanca. Hoy por hoy, los verdaderos problemas son el gasto público, con una política de paternalismo de estado que ha elevado la deuda a la astronómica suma de 16 trillones de dólares norteamericanos y el desempleo del 8.1%.

  2. Hace 14 años

    El problema en este caso no es tan solo el aludir el «obstruccionismo» o de que ello conlleve falta de liderazgo, sino que es casi imposible poder lograr conmsenso con un legislativo, cuando importantes miembros de esa legislatura y pertenecientes a la bancada republicana, han mantenido como lema el evitar que Obama logre un segundo periodo presidencial. Es decir que el puerto del apoyo Legislativo se cerro antes de que se pudiera pensar en la posibilidad de un funcionamiento de compromiso pero

  3. Hace 14 años

    que podria haber sido de gran beneficio para el pais. Me parece que cuando se escriben articulo s de indole partidarista, la mente no esta muy clara y no se logra ver los defectos de un lado o del otro, y nos reducimos a las mismas circunstancias en que nos encontramos en este pais, en el cual a tan solo 7 semanas de celebrar elecciones para elegir al presidente de esta nacion, sabemos de antemano, que la particpacion bi-partisana estara de nuevo ausente

  4. Macroobvio
    Hace 14 años

    Las preguntas que hace son SOBRANCERAS pues la realidad es OBVIA. No esperemos que el arrogante Obama sea flexible en un segundo termino porque si no lo fue en el primero sabiendo que queria reelegirse no lo va a ser en el segundo sabiendo que no tiene que rendir mas cuentas y con Romney ya sabemos por experiencia que fue hombre de CONSENSO CUANDO GOBERNADOR ya esta probado. Obviamente Obama es persona de caracter arrogante y petulante ASI LO DESCRIBEN SUS ACCIONES

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