Marvin Pichardo Castillo
La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcenas, en su artículo “Cambio estructural para la igualdad en AL y el Caribe” (LA PRENSA, 24/08/2012), el cual, dada su trascendencia, fue publicado en los principales diarios de Latinoamérica, resalta que “el cambio estructural significa llevar a cabo transformaciones cualitativas en la estructura productiva de los países de la región, con el fin de fortalecer sectores intensivos en conocimiento y de rápido crecimiento de la demanda interna y externa, para así generar más y mejores empleos, apoyados en el impulso de los nuevos paradigmas tecnológicos”. Además, la articulista puntualiza dos factores relevantes para lograr dicho cambio, los cuales consideré pertinente comentar dada la actual coyuntura política electoral municipal en el país. El primero, es que sin duda el cambio estructural pasa por la recuperación de la política.
El segundo, es que dicho proceso de transformación requiere de una ciudadanía activa y comprometida con un proyecto de sociedad.
De acuerdo con la actual configuración política-institucional del país, es remoto que Nicaragua logre efectuar las transformaciones estructurales propuestas por la Cepal, no en la presente generación, dado que nuestra clase política, con escasas excepciones, vive sumergida en el mundo de la politiquería criolla, el zancudismo, populismo y clientelismo político, con carencia de honradez institucional, sin coherencia en planteamientos programáticos y por ende, sin visión futurista de nación.
Nuestra clase política no piensa ni le interesa incidir eficaz y decididamente en la construcción de políticas públicas que conlleven a implementar reformas integrales, con el fin de lograr cambios estructurales socioeconómicos, políticos e institucionales que se necesitan efectuar para impulsar a nuestro país hacia la senda del crecimiento sostenible con igualdad en el largo plazo, tal como lo propone la Cepal.
Por su parte, la participación ciudadana en el proceso de cambio estructural de nuestro país tiene muy poca incidencia, ergo, urge buscar o gestionar espacios de participación efectiva para que la población, aglutinada en las diferentes organizaciones sociales, o de forma individual, pero sin ningún sesgo político-partidario, incida positiva y decididamente en el diseño, implementación, ejecución y evaluación de políticas públicas que conlleven a superar las trabas estructurales para lograr convergencia productiva, empleo con derechos y sostenibilidad ambiental.
Siendo coherente con lo señalado por el profesor Serrano Caldera (LA PRENSA, 08/07/2012) en el actual contexto socioeconómico, político e institucional del país “es necesaria la formulación de un proyecto de país sobre la base de una concertación con la participación de la ciudadanía en la construcción de políticas públicas. La participación ciudadana debe partir de un acuerdo sobre dos puntos fundamentales: la definición de los fines y objetivos que se persiguen, y la selección de los medios apropiados para alcanzarlos, eso nos permitiría abocarnos a un debate racional y consciente, mediante el cual se puedan diseñar acciones y alcanzar acuerdos que nos permitan construir una sociedad más justa y libre y hacer de la política un ejercicio de todos en busca del bien común”.
En síntesis: solamente efectuando una reingeniería integral y transversal que conlleve a la recuperación de la política y construyendo una ciudadanía responsable y activa es que se puede lograr el cambio estructural y la igualdad en nuestro querido país.
El autor es máster en políticas públicas. Universidad de Chile.