Jorge Gavarrete Maglione

A 11 años del 11 de septiembre

El terrorismo no solo enlutó a Nueva York. El polvo de cemento lesionó los pulmones y las almas de todos. La gente salía revestida de cemento como estatuas vivientes, heridos, muertos en pedazos. El polvo, los papeles de oficina, la gente con heridas abiertas, las vigas de acero que molieron más de tres mil personas, trescientos heroicos bomberos, doscientos policías en solo media hora, se apilaban en un hueco de cuatro cuadras. Los muertos no se hallaron. Una mano por aquí, un pie por allá. Se hallaron pocos restos de los miles que murieron. Gente de todas las nacionalidades y religiones murió ese día de septiembre. El mayor acto de odio irracional en la historia sucedió en Nueva York. Bush de presidente, desde la zona cero declaró la guerra al terrorismo.

Recuerdo haber estado en la azotea de las Torres Gemelas. Pasillos de cuatro metros alfombrados en rojo. Eran oficinas elegantes que albergaban a las mejores firmas aseguradoras, de bolsa, de banca, corredoras, de todo. Una vista impresionante. Chocar aviones con gente allí era un acto en ese momento inconcebible por lo cobarde. El mundo cambió a partir de ese día. Viajé tres días después, con inseguridad, temor, pero al mismo tiempo con la certeza que la libertad, democracia e igualdad son mil veces mejor que el odio fundamentalista, comunista o religioso.

Once años después, Irán no ha parado de amenazar a Israel en su carrera hacia la producción de armas nucleares disfrazada de producción de energía. La relación de Chávez con Irán para la comercialización de petróleo entre dictaduras es de modo que llena sus propias cuentas no solo por petróleo, sino con otros proyectos entre sus propias empresas, de sus familiares o allegados.

Bush inició equivocadamente la guerra en Irak y creó la falsa burbuja de bienestar que topó la economía de EE. UU., fallando totalmente en su misión de perseguir al terrorismo y matando igual civiles en forma irracional, porque quería controlar el petróleo de Irak. Bin Laden fue ajusticiado, pero el segundo al mando Al-Zawahiri no ha sido apresado. EE. UU. sigue comprando petróleo en forma masiva sin evolucionar a tecnologías limpias, supuestamente para bajar las reservas de los árabes y tener más poder de negociación a cincuenta años. Mientras, ha promovido la “primavera” árabe, una lucha contra el oscurantismo para instaurar democracias.

Ortega ha fomentado el odio a los Estados Unidos desde hace cuarenta años. Los peores tiranos anti EE. UU. que tienen a sus pueblos empobrecidos son los amigos de esta dictadura. Los hijos y sobrinos de Gadafi, el peor y más sanguinario de los dictadores de Medio Oriente son asesores de Ortega. Una célula terrorista de Hezbolá entrena en Nicaragua. Los viajes del Ejército a Irán en misiones comerciales y militares son tan frecuentes como los viajes civiles, y nadie vigila ni el gasto ni el objetivo de esos viajes. El segundo país más pobre de América Latina resulta que es amigo de los peores enemigos de EE. UU. y terroristas.

Nicaragua, ¿qué hace allí, en medio de esa guerra? Ortega nos introdujo, por su propia utilidad, en este conflicto internacional. Hace negocios con los peores terroristas, destruye la democracia de Nicaragua y sigue enseñando el odio a Estados Unidos. Pero parece ser adorado, porque dinero es dinero en un país de empobrecidos, aunque provenga de los peores dictadores y terroristas. Porque son muchos ya los que hicieron su pacto de fausto y le sonríen. El autor es ingeniero.

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