La Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (Amcham) ha llamado a votar en las elecciones municipales del 4 de noviembre. Pero al mismo tiempo el presidente de Amcham, doctor Yalí Molina Palacios, aclaró que esto no significa un voto de confianza al Consejo Supremo Electoral.
Es que “una abstención lo único que incentivaría sería más la apatía de nuestro pueblo”, dice Amcham que reitera su demanda de “unas elecciones justas, libres y transparentes, apegado a la Ley Electoral y a la Constitución Política de la República”. Y recuerda que “los nicaragüenses hemos luchado a un alto costo para alcanzar la paz y la democracia. Cerrar la puerta sistemáticamente al acceso a la gestión pública a otros grupos, lleva a extremar las tensiones políticas de los así marginados con riesgo de la paz que tanto nos ha costado ir consolidando”.
El llamado a votar en los próximos comicios municipales es un acto de valor cívico de Amcham, dado el ambiente político adverso a la participación electoral que hay en el país, cuando una parte de la oposición y organizaciones de la sociedad civil condenan con fuerte radicalismo verbal la participación en las elecciones, por falta de garantías y los antecedentes de los fraudes perpetrados por el CSE en las elecciones anteriores, desde las municipales de 2008.
Como ya lo hemos dicho anteriormente, en las actuales circunstancias políticas es comprensible que algunos sectores democráticos digan que no se debe participar en las elecciones, mientras no haya garantías de que sean libres y limpias. Sin embargo también es razonable la posición de quienes alegan que aún cuando no existan esas garantías, no se debe abandonar voluntariamente el espacio de participación electoral por muy estrecho y adverso que sea. Lo cual es válido siempre y cuando esa participación no sea para conseguir miserables prebendas, sino para movilizar a los ciudadanos alrededor de sus demandas sociales y de los objetivos democráticos de la nación. Y esta posición es correcta en tanto que el llamado a la abstención no es acompañado con ninguna convocatoria o propuesta de acción alternativa a la participación electoral.
En 1974, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y 26 personalidades demócratas más pertenecientes a siete partidos políticos de oposición y dos centrales sindicales independientes, proclamaron que en las elecciones del 1 de septiembre de ese año no había por quién votar. Es que solo dos partidos, el de Somoza y el de la oposición pactista podían participar en aquellas elecciones. Todos los demás no tenían derecho. Pero además, y sobre todo, la consigna “no hay por quién votar” no era solo un llamado a la abstención electoral y a no hacer nada. Era una convocatoria a forjar la unidad democrática y a organizar la gran fuerza política que era indispensable para enfrentar al somocismo y derrocarlo mediante la movilización popular.
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