Ricardo Trotti

Hugo y Cristina apuestan al miedo

Cada vez se asemejan más los estilos de gobernar en Venezuela y Argentina. Tanto Hugo Chávez como Cristina de Kirchner son días tras días más arrogantes y últimamente han apostado al miedo, creyéndose Estado más que gobierno.

Chávez acaba ayer de refrendar sus dichos de que si no gana las elecciones el mes próximo, en Venezuela se desatará una guerra civil. Un claro mensaje antidemocrático e irresponsable de parte de un comandante de las Fuerzas Armadas y de quien ha creado unas milicias populares que, armas en mano, no tienen la instrucción necesaria para defender las instituciones del Estado, porque han jurado la lealtad a esta revolución y su líder.

Los dichos de Chávez no solo son amenaza e intimidación, sino también violan preceptos constitucionales respecto a las garantías y observación que los gobernantes están obligados en materia de paz y bien común.

Chávez no ha quedado solo en los dichos. También su gobierno, creyéndose Estado, comenzó esta semana los trámites para su alejamiento del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y así desconocer a la Comisión y a la Corte Interamericana. La maniobra deja desprotegidos a los ciudadanos venezolanos ante violaciones a sus derechos humanos, ya que es el único lugar al que un individuo puede acudir toda vez que se agotan los recursos judiciales internos.

Pero esta actitud, asumida por Chávez en represalia por varias decisiones y fallos de los organismos internacionales en contra del Estado, es la misma que adoptó durante todo su gobierno expulsando de Venezuela —o no permitiendo entrar— a varios supervisores de los derechos humanos, tanto de organismos multilaterales como de ONG, como Human Rights Watch.

Por otro lado, el gobierno de Cristina de Kirchner anda de mal en peor en materia de arrogancia. La frase de la presidente de que “solo hay que tenerle miedo a Dios… y un poquito a mí”, desenmascara la insolencia que va ganando terreno, la que incluso se vislumbra en la mayor cantidad de veces —con un total de 15 horas, 11 minutos y 38 segundos— que usa la cadena nacional para hablar sobre temas de poca importancia que no tienen que ver con la excepcionalidad de las comunicaciones gubernamentales que señala la Constitución.

Como cualquier movimiento que se precia por su arrogancia y absolutismo, el kirchnerismo argentino volvió a instalar en la agenda pública el tema de la reelección de la presidente.

El tema no es nuevo, pero es parte de la estrategia propagandística del Gobierno que insiste en estos menesteres hasta encontrar el plafond adecuado para que del globo de ensayo se pase a la acción. Ya lo hizo sin éxito años anteriores, pero esta vez el tema ya está institucionalizado; y pese a que el diario La Nación mostró en una encuesta reciente que un 66 por ciento de la gente opina en contra de esta posibilidad, pareciera que el tema quedará, al menos, en la subconciencia social, para que se disparen los pensamientos reales apenas cualquier otro funcionario hable de esa posibilidad.

En Argentina la figura de la reelección necesita una reforma constitucional que se rechaza, pero que el Gobierno ha minimizado con una estrategia de propaganda efectiva, manejada por el movimiento juvenil La Cámpora, que tiene como parte de su agenda el adoctrinamiento en las escuelas y que el voto pueda ser ejercido a partir de los 16 años.

No creo que en el país la oposición y los movimientos sociales tendrán el éxito que tuvieron los colombianos para detener la arrogancia de los uribistas y así parar en seco la posibilidad de una tercera reelección del expresidente Álvaro Uribe. Este no usaba la propaganda ni las subvenciones a granel, almas del populismo, por lo que sus posibles intenciones fueron fáciles de neutralizar.

En cambio, en la Argentina del kirchnerismo dominante y de oposición irrelevante no será muy fácil que los idólatras kirchneristas claudiquen de sus intenciones de convertir a Cristina en la reina de los argentinos.  

El autor es periodista argentino, director de Prensa de la SIP.

COMENTARIOS

  1. Edgardo Jose
    Hace 14 años

    Que desgraciados, estan siguiendo los pasos de los nicas delcalzos.ç
    descalzos de inteligencia, de dignidad, cuando estos hablan, sino mencionan a la parejita, quedan mal vistos y son los proximos a irse a la calle dura. Desgraciados. que herencia le estan dejando a sus hijos?

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