Karen Rappaccioli-Tünnermann

Valores en servicio del orden público

El abuso sexual de una niña de 12 años con discapacidad intelectual, ocurrido en una parque capitalino hace unos días, nos hace meditar con tristeza y desasosiego acerca de los valores de nuestras comunidades. No es posible que a vista y paciencia no se denuncien e infrinjan castigo a los ejecutores de tan nefasta atrocidad.

No se trata de permanecer moviendo las terribles energías de este abuso infantil y feminicidio, sino denunciar, castigar dicha nefasta acción y depurar la institución en sí.

Soy una entusiasta en no explotar noticias morbosas, que no proyectan ningún beneficio tácito socio-económico y cultural a nuestras comunidades, o sea como usualmente se llaman noticias amarillistas. La noticia siempre debe generar un bienestar social a nuestros ciudadanos, para obtener mejores comunidades donde cada día nos liberemos de las ataduras de la ignorancia y malas prácticas que destruyen el espíritu. La noticia debe crear un aporte positivo a la comunidad no lo opuesto. “El mal lenguaje engendra las ideas falsas, y las ideas falsas conducen a las malas acciones”. Peterking.

Pero señores, este hecho —de la violación sexual a la niña de 12 años— no puede ni se debe dejar que pase desapercibido en ningún sector de nuestra sociedad. Porque al permitirlo seguirán en escalada desatinos y acciones cargados con falta de valores y ética. Los participantes del orden público deben ser luchadores y ejemplos fehacientes de justicia y en defensa de nuestras comunidades.

Tampoco se debe politizar el caso, ya que la institución policial debe ser apolítica y no es propiedad de ningún gobierno de turno. Las consecuencias y la penalidad de esta situación debe trascender la politiquería barata, la cual vendría a sujetar un juicio objetivo en beneficio de un desenlace justo con ética.

Los representantes del orden público deben pertenecer a su organización con orgullo y ecuanimidad, donde cada integrante sea un militante y brigadista del bien común.

Pero definitivamente algo está aconteciendo que no es correcto y para ello hay que escudriñar las prácticas de ética y valores de nuestras organizaciones públicas y desde luego las enseñanzas en nuestras comunidades y familias.

Sin ser negativa ni con pensamientos ortodoxos me inclino por enjuiciamientos y castigos severos a los infragantis.

Preguntémonos: ¿quién necesita este tipo de individuos en nuestras sociedades, si con sus aberrantes hechos envían detonaciones de declive socio-económico en esta nuestra Nicaragua?

No necesitamos saber los pormenores y detalles soeces de este bochornoso acontecimiento para ser penalizados, pero sí la ciudadanía debe entender cuáles serán las justas medidas que las autoridades tomarán al respecto.

De otra manera, como ya he mencionado en recientes artículos estos hechos crearán precedencia a explosiones sociales en desatino y protesta por falta de resoluciones justas y en armonía con los hechos.

Una sociedad en declive de valores es muy peligrosa, toda mala acción debe ser penalizada, si no estaríamos en el preámbulo de situaciones muy desagradables de desorden social.

No hay excusa en que se produzcan estos atroces actos, la población tiene que repudiarlos, hoy más que nunca con la nueva Ley 779 no se debe permitir abuso, ni feminicidio a las mujeres, mucho menos contra personas como esta niña con una discapacidad especial.

Nicaragua no necesita este tipo de ciudadanos si se les puede llamar así. Ejemplifiquemos en otras naciones donde se ha debido incurrir en castigos que han permitido reducir estas atrocidades. Los integrantes del orden público están supuesto a defendernos de los malhechores. ¿O es acaso que necesitamos un Batman y que nuestras ciudades se conviertan en Ciudad Gótica?

Es preciso organizar lo más pronto posible brigadas de ética y valores en conjunción con los medios de comunicación y centros de estudios. Que charlas y escrutinio de honestos servidores públicos sean un menester indispensable e irrefutable en nuestro diario vivir. Si no se percibirá desconfianza y anarquía entre los habitantes de determinada sociedad.

“Lo peor que le puede suceder a la humanidad es la ignorancia sincera y la estupidez consensuada”. Martín Luther King.

La autora es relacionista pública e internacional.

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